Una de las cosas más agradables para las personas normales y con cierta sensibilidad, es sin duda, el silencio y luego la conversación, la capacidad de razonar y comunicarse con los demás sin estridencias y sin agresividad es tarea bella y por bella en desuso. Si caer en la cursilería o la hipocresía, es tarea muchas veces complicada y ardua.
Nuestro interlocutor puede ser un modorro y su cualidad más sobresaliente la sordera, posiblemente nos haga perder los nervios y salgamos del intento nerviosos y un tanto estresados. Si a quien tenemos enfrente a pesar de tener dos orejas no escucha es como el modorro pero al revés, no sirve de nada, es más sencillo un monólogo.
La contrapartida a toda esa frustración de mantener una comunicación provechosa, la tenemos en la soberbia que nos rodea cada día cuando salimos a batallar en el mundanal ruido, hay un exceso de alerta, demasiada gente con las orejas tiesas y la adrenalina cargada, predispuesta al grito y la recuperación de los instintos primarios y mostrarlos con todo su esplendor,en un descuido por mantener a flote las cualidades que nos hacen más sociables y en el fondo más personas. Hay quien empieza a culpar a la falta de lluvias, encuentran en la bajada de los pantanos el motivo de la falta de entendederas. Yo no lo veo claro, pero tampoco tengo una explicación mejor.