Jul
2nd

Escenas y páginas

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449713932_10230679835893894_1667280353921535993_nNuestras vidas se componen de escenas, capítulos que duran más o menos y que narran ese conjunto de años, meses, días, puede que incluso horas o tan solo minutos, paginas donde se reflejan personajes y espacios que han formado parte de nuestra línea del tiempo. Yo puedo hablar un poco de mi calle y sus cambios de página, ya es otro libro, ya nada tiene que ver con su esplendor. Todos los que fueron sus protagonistas y le dieron el carácter a la calle, no están, tampoco la calle como tal, ahora salen hierbas por todos los rincones, incluso mierdas de perro, los días y las noches con sus voces y sus risas, no volverán. Las puertas abiertas con las cortinas ondeando a la espera de que alguien se asome han perdido el sentido, y parece que la desconfianza y las cerraduras ocupan su lugar.

Ya no hay tomates ni pepinos en la puerta de Benito, ya no se oye la motillo rugir camino a la huerta, ya no se oye la voz gruesa apartando la cortina diciendo “quien hay”, nunca faltaba la visita y la charla después del rato en la huerta. Tampoco se oye a Teodora, ya no se puede ir a verla coser, una muy buena señora, con carácter, y muy buena vecina, yo por suerte aún conservo un precioso traje de verano con chaleco incluido hecho por ella hace 44 años. Impecable, moderno, pero, un poco estrecho. Como he dicho todo cambia y la envergadura tiende a expandirse mientras todo lo demás se contrae.

Podría extenderme muchos más años atrás con mi vecino Juan, el panadero, y sus charlas en el batiente de su puerta, sentados uno al lado del otro, contándome cosas de la guerra, de mi padre, de sus avatares, palabras que se mezclaban con el olor a pan cociéndose en el horno de retamas del patio trasero. El panadero Juan ha sido quien más cosas de mi padre me ha contado, de algún modo mi padre confió en él.

Mi madre supo mantener viva la parte de la llama que le correspondía para mantener la luz que daba vida a la calle. Al final o al principio, haciendo esquina, estaba la tienda de Tarsicio y mas al fondo la puerta falsa del casino, con su olor a polos de fresa en verano. La tienda de Tarsicio si bien era de telas, recuerdo haber comprado comida, y sobre todo elegir de su escaparate los juguetes de reyes, mi sombrero y mi pistola de vaquero, también quería el rifle y los reyes se habían olvidado, fue tal la verraquera que mi padre fue a buscarlo a la tienda el mismo día de reyes y me dijo que se lo había olvidado en el camello. Un descuido lo tiene cualquiera, pensé.

Las calles cambian, los paisajes cambian, las personas cambian, avanzamos y todo es nuevo, pocas cosas permanecen, desaparece lo viejo y viene lo joven y la vida continúa. Pero esas escenas no dejan de bullir y siempre están entre nosotros, aunque cada vez más lejanas y por razones generacionales también les llegara el olvido. Por eso vale la pena recordarlas y contarlas.

Abr
30th

Esperando un paquete

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_93d72f17-ad0d-473e-a12d-46b2df8fbb64Camino entre montañas pisando un valle con el rostro inundado de felicidad animal, sin razonamiento alguno, sin ninguna señal que alterarse la naturaleza porque un ser humano merodeaba por allí.

Salvaje, sin ningún pensamiento, sin ninguna intención, respirando tan solo, saboreando el aire dulce y fresco que entraba en mis pulmones en pequeños torbellinos salpicados del roció mañanero, un aire que me obligaba a sentir y embriagaba mis ojos con visiones tan lejanas como inalcanzables, sueños irreales y realidades inventadas como si de un cuento se tratara, nada cierto pero tan útil como el agua que calma la sed; el tiempo en soledad agranda el pensamiento y actúa a modo de bálsamo mágico atenuando la tendencia a la alucinación previa a la locura. Nada se asemeja tanto a la vida, nada se antoja tan hermoso como la contemplación mientras se pasea por valles infinitos, dibujados sin nubes o entre arboledas sin sombras, solo con la luz cálida que lo ilumina todo y un horizonte siempre borroso por brumas inoportunas difíciles de disolver, y ahí voy, o vamos, hacia ese punto tan enorme y tan lejano con la certeza de no alcanzarlo nunca, pero el misterio y la curiosidad encabritada nos anima mientras el amor siga siendo el actor protagonista en este teatro de la vida.

Estaba en un rincón del sofá, reclinado hacia atrás, hecho un ovillo, con las piernas recogidas debajo de una manta, ensimismado, sin hacer nada, una luz tenue se filtraba por el ventanal entre las cortinas, entonces me di cuenta de mi error, no estaba vagando por paisajes salvajes al aire libre. Estaba esperando, con letargo y cansancio, la llegada de un paquete cuyo contenido era un misterio, solo sabía que era pequeño y no tenía remitente. Algo así como el ramillete de violetas de Cecilia, y aquí estoy, esperando.

Mar
14th

El desencanto

20240310_105448El desencanto suple en mi la razón de otras cosas, es parte de ese vacío que arroja a la persona a la desorientación, causa fundamental de búsqueda de nuevos horizontes, nuevos puntos de referencia donde aferrar la lucha de cada día. Es inevitable pensar que las cosas, la razón de ser, todo lo que un día significo algo, se nuble y pierda su viejo encanto, su atractivo y refugio

Mar
14th

Abajo las armas

20240311_182141Algunas preguntas y afirmaciones que surgieron cuando leía la novela, hace 43 años.

– Mi pensamiento transcurre dentro de mi propio pensamiento.

– La verdadera vida empieza con la paz y la paz se encuentra en la felicidad de cada uno.

– ¿Que es la vida y Que es la muerte?

– La soledad forma parte de la tortura del hombre ¿porque nos torturamos?

– La sociedad está madura. Yo no quiero su fruto.

– Busco en mi lo que no encuentro en los demás ¿Qué busco en los demás?

– Los demás buscan en mi lo que no encuentran en ellos ¿ Que buscan en ellos?

Mar
6th

La espera y el sueño

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foto 1.2

De espaldas en la pared, la rodilla derecha flexionada y la planta del pie apoyada al muro, estaba allí ensimismado, por la postura supongo que esperando, no sé bien a quien, ni porqué, estaba totalmente en blanco, como acabado de despertar de un sueño, pero en cuanto la vi, supe que era a ella, la mire, la abrace y la traje hacia mí, nos conocíamos pero quedo sorprendida, no lo esperaba, era la primera vez que yo manifestaba mi deseo de forma tan evidente y práctica, su cara estaba sonriente y su cuerpo, dócil, se dejó llevar.  Sin pensarlo, con las prisas del que huye, di refugio a mis manos debajo de su ropa, y la acaricie suavemente, cerré los ojos para notar su piel y dejarme caer por su pendiente para refugiarme en su calidez, las sensaciones fluían en un rio de acordes que invadían mi pensamiento desbordándolo de felicidad, haciendo de ese momento  breve de realidad un sueño infinito de placer, lejos de allí, en algún otro lugar de nuestra imaginación.

Atraer su cuerpo y notarlo en mí, me sumía en un placer extraño, huraño, no quería compartirlo, ni que nadie lo viese o lo notara, quise ser egoísta para proteger ese momento o sueño.  Si alguien lo reconocía sentiría la necesidad cierta de quitarme aquel tesoro, de invadirlo y quitarle su brillo, de curiosear y estropearlo.  Rompiéndolo, y eso me atormentaba.  Me hacía dudar.  Y la duda fue el motivo. Y el miedo la razón.  Aquello acabó, en cuanto desperté.

Feb
15th

La Bolu

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2015-03-26 18.22.48Sus ojos parecen grabados en un peñasco de los que se bañan en los ríos y se calientan al Sol de Andalucía, llenos de dureza, ávidos de recoger el sueño del caminante y ofrecerle el calor cosechado durante el día.
Su rostro bañado de luz blanca remarca su tristeza y un enorme cansancio, levanta sus brazos delgados y con movimientos lentos y temblorosos hace gestos de ayuda, intentando no mirar al precipicio que le ha llevado la vida, se entrevé el miedo y el deseo, el miedo a no sentir una mano que apriete la suya y el deseo de largarse, de reencontrarse con su infancia, de comenzar de nuevo su vida sin dolor, resolver el sueño eterno.
La cercanía hace que los sentidos despierten y canalicen los brotes de esperanza, un asidero donde frenar la caída y robarle momentos a las prisas de la vejez, sabiendo que todo esfuerzo resulta fugaz pero que vale la pena jugarlo.
Su piel casi hueca, agradece el calor de otras manos, de otra piel, el sonido de la voz hace despertar sus ganas de explicar, pero un denso barro cubre su voz y solo deja salir un alarido sordo que ahoga sus deseos y acentúa su cansancio. Entonces aprieta las manos y agudiza su mirada comunicando de otro modo su agradecimiento.

Feb
12th

lecturas pretéritas

Imagen de WhatsApp 2024-02-09 a las 12.09.16_d2da81d3Pretéritas y buenas lecturas. Ideas y conceptos basados en el respeto y la libertad, lecturas recomendables como tantas otras para este nuevo feminismo, que nace rancio por la ignorancia y sobre todo por la falta de la educación familiar de base y el olvido del uso de la palabra "no".

Otro tanto del ecologismo radical orientado en reprimir y marcar a los de siempre como únicos culpables.

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Nov
9th

Aún estamos a tiempo

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Captura de pantalla 2023-11-09 174620No ha habido necesidad de pedir perdón, ha dicho el prófugo Puigdemont, a la cara de todos los españoles, y ha vuelto a hablar en nombre del pueblo de Cataluña desde su escondite de Bruselas, de todos los catalanes, mentira, en mi nombre no.

No han pasado apenas horas desde el esperpento y ya están choteándose de nuestra democracia, he visto como Pilar Rahola se reía y acusaba a los españoles de retrógrados, y así será a partir de ahora, falta ver por cuanto tiempo, hasta que la situación se revierta.

Esta bacanal de disparates ya no me causa preocupación, me está causando angustia la ceguera política y, me cuesta reconocerlo, miedo al ver la celebración de los descerebrados, de algo, que tiene un camino muy corto. Que nadie piense que esos acuerdos, en realidad no son acuerdos, es un panfleto para entretener e intentar justificar lo muy diferentes que son, cuando en realidad son iguales, los acuerdos van por otro sitio, ni la ley de amnistía, llegaran a buen puerto.

Lo mejor y la única solución, antes de que la situación se descontrole, es que el señor Sanchez se vaya, si es posible con Puigdemont, que el PSOE se retire a los cuarteles de invierno y se lo haga mirar profundamente y se celebren nuevas elecciones. Y por supuesto se pidan responsabilidades a todos los causantes de este desastre, que no parece que todo se ajuste a la ley.

No es posible ni creíble lo que está sucediendo, estamos asistiendo a un juego de muñecas, por niños, niñas y niñes, irresponsables, sin remota idea de que están jugando con el Estado, con la Paz en mayúsculas y con los ciudadanos. Por favor, basta ya, como padre no quiero este panorama ni para mí, ni para mis hijos ni para los hijos de los demás. Iros a hacer experimentos con gaseosa y tengámoslas en paz.

Adeu.

Oct
18th

El primer viaje

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I

clip_image002La acera estaba tibia, como dos cuerpos desnudos acurrucados, el sol primaveral del mediodía no tenía la arrogancia abrasadora del verano pero lanzaba su luz blanca en los baldosines dibujando con vapor seco, pequeños halos, burbujas transparentes que subían para deshacerse al instante, las veía alzándose con un brillo ondulante hasta desaparecer; yo estaba tendido boca abajo apoyando la cabeza en los brazos cruzados.

Me gustaba esa sensación de aturdimiento, me abandonaba igual que los lagartos para absorber los efectos milenarios del sol, no para calentar la sangre ni para equilibrar la temperatura del cuerpo, era simple placer gratuito, fetal y agradable, así pasaba largos ratos sumido en una sensación muy parecida a una pequeña borrachera de madroños, el calor no me molestaba, todo lo contrario, me adormecía y causaba un efecto hipnótico y surto. Allí, en la acera de enfrente de mi casa, observaba con absoluta atención a mi padre mientras trabajaba un encargo tejiendo con cuerdas de cáñamo una red enorme para proteger la paja de los carros que irían y vendrían de las eras más adelante.

Había un gancho enorme saliendo del techo en la misma entrada de la casa, ahí colgaba la red y la iba girando a medida que lo necesitaba para terminarla, para mí era una delicia observar aquel enorme columpio que poco a poco aparecía de la nada, además de mirar a mi padre, me encantaba verlo trabajar y crear con sus manos, también estaba atento a cualquier ausencia suya cuando se levantaba para beber agua de los cantaros o buscar cualquier material o herramienta que necesitase, o simplemente un descanso, ese era mi momento, como un gato hambriento en busca de su presa pegaba un salto y me encaramaba en lo más alto de la red para impulsarme y columpiarme alborotadamente, con todas las prisas de la duda y sabiendo que aquello tendría fin, y sin ningún tipo de reconocimiento al peligro ni respeto al miedo, la regañina estaba asegurada, pero yo no bajaba hasta que él me echaba para seguir trabajando, así una y otra vez cansinamente, él soportaba mi tozudez y mi presencia y le gustaba que estuviese allí observándole, él sumergido en sus cosas, y yo intentando adivinar cuales eran, en esos momentos me bastaba verlo feliz y ensimismado, como yo, nos comunicábamos en silencio, con el pensamiento; yo notaba el flujo de afecto en una y otra dirección y sabía que él también vivía las mismas sensaciones.

Su vida, la de un hombre bueno había sido troceada brutalmente amputándole como a tantos otros de su generación y durante muchos años la parte afectiva a cambio de noches de insomnio y pesadillas; demasiados días robados de su juventud en una aventura de crueldad y destrucción, eso lo atormentaba en su interior sin aparentarlo, tan solo en la profundidad de sus ojos se podía adivinar su sufrimiento y su miedo, y ver las ruinas de su alma causadas por las bombas de la irracionalidad humana, pero esa puerta no estaba abierta a todos, la guerra civil y sus batallas más descarnadas, la cárcel, la condena a muerte y luego la posguerra lo habían transformado en un hombre silencioso y reservado, con un infierno interior que lo quemaría de por vida y con un poso de desconfianza que lo acompañaría siempre.

Pero esa vida interior acallada no le impedía su sonrisa y la alegría de vivir y disfrutar de los momentos y risas con su familia y amigos, en todos los pueblos había vencidos y pobres, y vencedores con buen corazón, aunque también existían y convivían vampiros con ansias de sangre, sin embargo la concordia por necesidad se abría paso inevitablemente, las persecuciones y el miedo se eludían pasando inadvertido a las autoridades, siendo silencioso, las actividades para ganarse la vida estuvieron prohibidas por un tiempo para los perdedores, por eso estaban todas a nombre de mi madre, actividades artesanas todas ellas, espartero, talabartero, comercio de artículos de arcilla, esquilador, jornalero y churrero; todo era bueno y cualquier temporada tenía una oportunidad para matarse trabajando y sacar algo de dinero, mi madre era carnicera, comerciante, jornalera y churrera, además de madre, esposa y protectora del tinglado familiar, una feminista a tiempo completo sin ser consciente de ello.

La casa era una pequeña exposición de artículos a la venta y tienda de los productos que elaboraba mi padre y de algunas cosas de barro, una más de tantas casas mágicas del pueblo que se descubrían cuando atravesabas la puerta y encontrabas un zaguán repleto de estanterías repletas de latas de conserva, de cuerdas, se sombreros, otras veces se veían jamones colgando del techo, morcillas, tocino y sacos de garbanzos y habichuelas y un gran bidón de aceite con una bomba manual para despacharlo, veías un colmado, o una panadería, o la barbería, el estanco, correos, la telefónica, no había carteles mi rótulos de neón, era un misterio y un descubrimiento, sobre todo para los niños y cada comercio tenía su olor el del negocio y el olor familiar.

En la nuestra, justo a la entrada había una sala con estanterías de madera y ganchos para exponer anterroyos1, cabestros, horcas de palo, botijos, serones, aguaderas y alguna arrebañadera2 que se prestaba más que se vendía, además de pequeños objetos, también una pelota de arcilla para reparar botijos; hacia la izquierda la sala se estrechaba y había una mesa camilla, unas cuantas sillas de enea y una pequeña repisa con una radio que estaba todo el día encendida y hablando, de vez en cuando alguna canción, el espacio hacía las veces de despacho, tienda y sala de estar para la familia, a partir de ahí, estaban las habitaciones, la cocina con su chimenea, la alacena y el corral, el corral albergaba una antigua cuadra que hacía las veces de baño, tenía un murete de no más de un metro que hacía de váter, había que respingarse y en cuclillas con el culo hacia el interior de la cuadra deponer las sobras del cuerpo en caída libre al lugar donde picoteaban las gallinas, con exquisito equilibrio, pues tenía un peligro añadido y cierto riesgo por la altura y la posible caída, pero también suponía una comodidad añadida, la altura evitaba la intrusión siempre molesta de las gallinas en tu espacio vital y en un momento tan importante y de tanta repercusión para tu salud como ese, no era recomendable leer en ese acto, por dos razones, por la distracción y puesta en riesgo del equilibrio y casi siempre por la falta de elementos de lectura. No había papel, eran tiempos de superación e ingenio.

clip_image004En aquellos días sucedía un acontecimiento un tanto peculiar, todas las tardes durante varias semanas, mi casa se llenaba de un olor profundo a sebo de oveja, muy concentrado, para mi nariz aún en pleno aprendizaje resultaba demasiado olor, me era imposible asimilarlo y anularlo, no me acostumbraba, era horroroso, como meter la cabeza hasta el cuello en un fardo de lana grasienta recién esquilada y respirar profundamente. Aquel señor que visitaba mi casa era pastor de ovejas y no necesitaba anunciar su presencia, en el mismo instante que aparecía por la esquina y el viento era favorable, incluso si no lo era su intensidad buscaba un atajo, adivinábamos su intención de visitarnos, yo lo miraba desde lejos, era incapaz de acercarme, sus efluvios me resultaban por aquella época insoportables. Era de condición muy humilde, nosotros éramos pobres pero este señor lo era bastante más, al menos en apariencia, su figura un tanto tosca la cubría con ropas desaliñadas y pringosas, sus zapatos eran recios atados con guita igual que los pantalones de pana y su cara de buena persona estaba esculpida con grietas producidas por el frio de la mañana y el Sol del mediodía, verdaderos acantilados donde se escondían los días felices de su niñez, su media barba negra lo hacía viejo siendo joven, era pastor a jornada completa y esclavo de su miseria incluso de noche, feliz a su manera y libre como sus ovejas.

Todo en él era rudo y básico, no estaba dotado de facundia, su conversación era difícil de entender, por su escasez de palabras y su baja y cansada entonación, sin embargo cuando hablaba captaba toda la atención de los que estaban a su alrededor, el sonido de sus palabras tenía un efecto hipnótico igual que cuando una noche cálida de verano nos embelesamos contemplando las estrellas sentados en un cerro cubierto de fina hierba y olores profundos.

Sin yo pretenderlo este hombre me buscaba para hacerme la carantoña e intentar retenerme mientras hablaba con mis padres, quizás eso lo relajaba y le daba seguridad, sin embargo yo encontraba siempre una excusa de niño antipático para escabullirme de él, lo que resultaba imposible pues aquel hombre desprendía su olor por todo el espacio en forma de velo pringoso que se te adhería al cuerpo y al ambiente y resultaba difícil de quitar. A pesar de ello, este hombre y su profundo olor a oveja se han quedado en mi vida formando parte de mi aprendizaje y de mi origen humilde.

Aquellas visitas y sus conversaciones auguraban cambios profundos que yo aún no lograba descifrar. A partir de esos días mis padres se mostraban inquietos y misteriosos, en la casa se notaba mucho ajetreo fuera de lo normal, un exceso de visitas y el trasiego de objetos que no estaban expuestos en la tienda, aquello en algún momento parecía un gran bazar, luego supe que mi casa no era la única.

Un día vi como la radio la descolgaban de su repisa y se la llevaba una señora de mediana edad, aquellas voces misteriosas que salían de su cajón de madera y que formaban parte de los ruidos familiares y de los silencios se iban por la puerta, pregunté, porque se la llevaban y la respuesta era que se la prestaban un tiempo, no me convenció, pero la educación de la época obligaba a no inmiscuirse en las cosas de los mayores y me di por respondido y conforme. La conciencia de un niño está totalmente a merced a las palabras de los padres, la duda no existe porque los padres no mienten, y si lo hacen los niños no lo saben.

II

Un desagradable rebuzno, con un sonido atronador y terrorífico me había sobresaltado, un burdo despertar solo apaciguado por la calidez de la roca en la que me encontraba recostado, ahí estaba el burro mirándome de forma descarada y desafiante mientras arrancaba la hierba que brotaba en el borde del riachuelo para comérsela sin ganas, el causante de mi desdicha se notaba aburrido y con ganas de molestar, de alguna forma requería mi atención, mientras, un poco más abajo tres mujeres entre ellas mi madre estaban lavando en el pequeño riachuelo los desordenados montones de ropa que tenían a su lado, todo mezclado, no importaba que fuese blanca o color, el lavado era individual y el jabón era el mismo para todo. La frotaban y golpeaban con sus manos y sus dedos arrugados con la fuerza medida según la suciedad y apoyándose en la estregadera que sujetaban hábilmente entre las piedras del rio, evitando cualquier movimiento traicionero, de vez en cuando le restregaban jabón para disolver las huellas del trabajo duro, el jabón lo hacían ellas mismas con aceite sucio y sosa y su olor era el olor característico del limpio natural sin perfume.

Hablan y ríen, están de rodillas sobre pequeños cojines rellenos de paja, despreocupadas de los niños y ajenas a los reclamos del burro. En un recodo del rio, detrás de ellas, a pocos metros, están los arbustos coronados con la ropa húmeda mirando al sol, la van colocando empapada y limpia a un lado y cuando tienen suficientes se levantan a tenderla entre los hierbajos y los peñascos.

El borrico sigue con sus rebuznos, esta pesado, parece cansado de tanto Sol y añora su cuadra más fresquita. Cuando estoy a su altura le arreo un manotazo en el lomo con la mano izquierda manteniendo la distancia y el animal da un paso atrás sin quejarse ni tan siquiera levanta la pata, se queda mirándome insinuante, me voy rio abajo detrás de las lavanderas y compruebo mi molinillo, lo había dejado anclado entre dos piedras en el cauce del rio y aún permanecía girando al son del agua, el corcho, las aspas, y el eje mantienen su delicada fortaleza, lo recojo y aprovecho para buscar pizarrines antes de que las madres den por finalizado el día de campo, los pizarrines buenos y suaves están escondidos en el lecho poco profundo del rio, erosionándose hasta ser perfectamente redondeados.

Cuando las mujeres han terminado de lavar conversan animadamente dándole tiempo a la ropa a secarse antes de recogerla y guardarla en los cestos de mimbre. El borrico no deja de mirarnos pero ya no rebuzna, menea el rabo de vez en cuando y se alegra cuando observa que ellas comienzan a recoger la ropa y los utensilios y comienzan a cargarla en sus lomos.

Cuando han colocado el hato encima del animal y una parte en sus cabezas, yo ya estoy subido al lomo de mi amigo recostado sobre los fardos que sobresalen de los serones y comenzamos el regreso al pueblo, las mujeres ríen y no dejan de hablar durante todo el camino, ríen de todo incluso de ellas mismas, ir al rio es una fiesta, olvidan sus miserias y endulzan la escaseces de todo el año sabiendo que no necesitan mucho más.

En cuanto llegamos al pueblo me tire del burro no sin antes darle una fuerte palmada en el lomo para encabritarlo y recibir una colleja de mi madre antes de salir corriendo en busca de los amigos.

III

Unos días más tarde, descubrí cual era el motivo de las visitas de aquel señor y aquel extraño ajetreo de enseres desfilando por la casa hacia la puerta, había escuchado una conversación totalmente esclarecedora de la que no se habían cortado con mi presencia, me dejaron escucharla con toda la intención, de forma accidental evitaban el mal trago de mirarme y sentirse culpables, así resultaba más impersonal y aséptico, estaban preparando los pasos finales para dejarle al señor los enseres de algún oficio de mis padres, también estaban ultimando lo que definitivamente se iban a llevar, lo que habían dado, lo que habían vendido y lo que dejarían en la casa.

Entendí perfectamente y con toda la tristeza del mundo las palabras de aquella conversación, eran palabras afiladas, estaban produciendo heridas, no solo a mí, quizás a mí al que menos, mis padres y los presentes sabían perfectamente la transcendencia y su significado, la radicalidad que tomarían sus vidas para siempre, seriamos los próximos en abandonar el pueblo, en abandonar la casa, en cerrar nuestro hogar con llave para siempre; para buscar hasta encontrar otro diferente, nunca el mismo, en ese momento se instaló un abismo en mí que separaría una vida de la otra, la vida que acababa y otra que comenzaba alejándose de la primera, una que permanecería para siempre en un lugar iluminado de mi memoria y mi recuerdo y la nueva que necesariamente me tocaba descubrir y vivir.

Llego el día señalado, a pesar de anunciado como todo lo que no se quiere también de forma repentina, antes había abandonado el colegio y me había despedido de los amigos de la calle y alguno más que vino a curiosear. De madrugada una camioneta DKW vino a recogernos a toda la familia, éramos siete personas con el conductor, también iba parte de lo que ya era pasado y que formaría parte para siempre de nuestras vidas y de un futuro inquietante e incierto. Eran las cinco de la madrugada, no había amanecido aún y aquella furgoneta se puso en marcha, no hubo que atravesar muchas calles para llegar a la carretera y en pocos metros y alguna curva, el pueblo y todo el pasado desapareció, me quede adormilado en ese instante y regrese a mi cama y a mi casa como lo haría tantas veces a partir de ese momento, para volver a mi refugio, a mi paraíso, a mi pueblo y corretear por sus calles y sus huertas.

Nada hay más pegajoso para la memoria que una fractura en su continuidad, todo esa vida que deje se congelo y permanece viva con toda su pureza, sus colores, sus olores y sobre todo con sus enseñanzas y valores de una niñez plena y libre, muy libre, en las calles y en los campos, con escasez pero conforme, con meriendas de pan con ajo o aceite, desayunos con leche en polvo y cenas de pisto y torreznos en la chimenea, suficiente para ser feliz y necesario para conocer el valor de las cosas y mantener la humildad como estilo de vida. Ese primer viaje se convirtió en interestelar, largo e incómodo, comiendo pollo con tomate frio y tortilla de patatas, por primera vez me enseño el mar, con el sol rojizo saliendo por el horizonte, un descubrimiento tan hermoso que auguraba todo lo bueno por venir, al menos eso pensaba, después de esa visión nada podía ser malo. Y no lo fue del todo, comenzaba otro acto de este teatro que es la vida y que aún continúo interpretando, llorando y haciendo llorar, y riendo y haciendo reír, llantos y risas necesarias para avanzar en el rio de la vida, agua y viento para inflar las velas y navegar.

Notas:

1. [Anterroyo]: Anillo de tela rellena de paja, o de otra materia análoga, que se utiliza para preservar del roce del [cincho] a los mulos que efectúan la trilla.

2. Ganchos de hierro destinados a sacar los objetos que se caen a los pozos

Oct
10th

De repente

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20230819_181019Hay una forma de hablar muy típica del pueblo, la forma de interactuar entre los paisanos fue una de las conversaciones, apasionante y divertida, de este verano en el pueblo, daré una pista más, fue en una terraza, y posiblemente debido a la flojera producida por el calor sofocante o quizás, al hecho no poco significativo de sentirnos melifluos y godibles, la conversación consiguió aglutinar los conceptos más significativos, con sus giros, de la cortesía en la conversación corta, algo más que el saludo, pero breve, evitando las mayores explicaciones, pero también las respuesta seca y desabrida, ni parecerse a un despropósito.

Son muchas las palabras, tantas como la sabiduría e imaginación de los paisanos y los vecinos de la comarca. Sirva un ejemplo, para colocar en el centro el verdadero significado de lo que trato de explicar:
“Una paisana con un familiar enfermo, en los paseos diarios a la panadería y anca Nemesio, se topaba con los habituales y en cada encuentro, el saludo y la pregunta:

¿Cómo anda tu padre?

Pues regular

¿Regular? ¿Y eso? ¿Qué ha pasado?

Necesariamente se ve en la obligar de explicar y entrar en conversación. Y eso varias veces antes de volver a su casa, y cada vez que sale a hacer un mandao.

Cualquier respuesta no meditada da la opción de ampliar información y entrar en unas explicaciones que a veces no son de gusto.

En una de estas, tranquilamente sentadas en la mesa camilla, conversando con su madre, comienza a explicarle de forma informal y ligera lo que sucede, porque a veces tarda tanto en un mandao y otras no, no para justificarse, no hace falta, pero eso las mantiene en la mesa hablando con el teléfono alejado.

La madre con toda su sabiduría y sus conocimientos innatos y secretos de psicología psicosocial, aparte de otros, también innatos. Mi vecino Benito (q.e.p.d), en sus tiempos, me hipnotizaba cuando me hablaba de microecomía del campo, una rama desconocida en la universidad y por los economistas, y sin embargo muy habitual para los que se ganan la vida trabajando el campo. Bueno pues la madre le responde:

Pues si te preguntan diles que está mejor.

Así lo hizo, cuando le preguntaban, ella contestaba:

¡ Mejor, mejor ¡

A partir de ese momento, la gente quedaba conforme y contenta con esa respuesta, que ciertamente admite pocas preguntas y así, la brevedad, a veces buena por breve, permitía que los mandaos no se estirasen tanto.

Surgieron muchísimas palabras y situaciones, verdaderas joyas de la oratoria breve, pero dada la situación ya expuesta, las tendré que rebuscar en los anaqueles desordenados de ese día.

¿De qué ha muerto?

De repente.