Nov
24th

Las migas

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Las migas son un canto ancestral al ingenio culinario popular, donde el pan dormido de días pasados renace al calor del fuego lento y el perfume del ajo dorado. En su danza con el agua y el aceite, cada miga se transforma en oro crujiente, abrazada por el alma ahumada del chorizo, el susurro dulce del pimiento, o la caricia inesperada de una uva fresca. Son memoria hecha alimento, un festín humilde que celebra la tierra, el tiempo y el arte de transformar lo sencillo en sublime.

Nov
24th

Cuando ser “progre” dejó de ser progre

Durante mucho tiempo, la palabra progre evocaba una actitud rebelde, inconformista y crítica con el sistema. Ser progresista era sinónimo de cuestionar el poder, de poner en duda las estructuras establecidas, de defender causas libertarias, feministas, internacionalistas y, en definitiva, de situarse en la periferia del orden dominante. Era una identidad que se construía en la oposición y que se alimentaba de la voluntad de transformar la realidad desde fuera de las instituciones, desde fuera del poder.

Pero hoy, ese significado ha cambiado de forma sustancial. En buena parte del panorama político actual, el progresismo ya no ocupa el lugar del desafío, sino el del poder. Las ideas que antes se presentaban como alternativas han sido asumidas por los gobiernos, por los aparatos administrativos y por buena parte de las élites culturales. El progresismo, en este nuevo escenario, ya no se vive como un grito de protesta, sino como un discurso institucionalizado, respaldado por leyes, presupuestos y estructuras de gestión.

Este desplazamiento tiene consecuencias profundas en la forma en que nos posicionamos políticamente. De pronto, lo que antes era contracultural se convierte en ortodoxia; y quien se atreve a cuestionar esa ortodoxia es etiquetado de inmediato como “facha”, aunque sus planteamientos no coincidan con la derecha clásica. La crítica al progresismo oficial se convierte así en una especie de herejía ideológica que debe ser desactivada mediante el insulto y el etiquetaje intencionadamente descalificador.

La perversión del lenguaje político juega aquí un papel decisivo. Las etiquetas ya no sirven para describir posiciones, sino para deslegitimar al adversario. “Progre” ha pasado de ser un símbolo de insurgencia y transgresión a serlo de institucionalidad. Y “facha” se usa a menudo como cajón de sastre para todo aquel que no confiesa fidelidad al relato dominante, aunque defienda ideas heterodoxas, más democráticas o simplemente pida una revisión crítica del rumbo político.

Quizá el verdadero problema es que la política se ha convertido en una batalla de relatos identitarios donde lo importante ya no es el contenido de las ideas, sino la tribu a la que aparentemente se representa. Y cuando eso ocurre, el debate público se empobrece, se vuelve predecible y se encierra en un bucle de consignas, acaba siendo una discusión corrosiva.

Conviene entonces preguntarse si no ha llegado el momento de abandonar etiquetas que ya no significan lo que un día significaron. Porque, en un escenario donde las ideologías parecen haberse dado la vuelta, lo verdaderamente relevante es recuperar la reflexión, la crítica y la capacidad de señalar al poder, sea del color que sea, sin miedo a ser despachado con un adjetivo que pretende cerrar el debate antes de que empiece. El cuento de que “viene el lobo” está cerrando el debate y calando en una sociedad infantilizada y anestesiada.

Tal vez ser progresista hoy debiera ser no seguir al progresismo institucional, sino precisamente cuestionarlo, como antaño se cuestionaba a cualquier forma de poder. Y quizá la verdadera transgresión vuelva a estar, como siempre, en pensar por cuenta propia.

¿Qué difícil?

Nov
3rd

Escribir, mi maratón

Siempre me ha gustado escribir, pero lamentablemente para escribir hay que ser paciente y picar mucha piedra; sentarse ante un papel en blanco, mirarlo y dejar que te atrape, que te absorba y te aleje por largos momentos de la realidad liberando tu imaginación y tu memoria, esa es la dificultad de escribir, al menos una de ellas, yo no tengo el habito de la paciencia en la escritura, hasta este momento las carreras han sido cortas, ahora mi intención es correr una maratón. 

Mi vida y mi profesión se han canalizado por otros derroteros, que no considero menos validos ni menos creativos, todas las vidas y todos los oficios, se pueden considerar válidas y válidos, si el que las vive las disfruta con humor con instinto de superación y entrega.

Ninguna cualidad está por encima de la otra, son todas igualmente importantes. 

Por tanto en ese sentido el deseo de escribir como parte principal se ha quedado en los pequeños recodos del camino por cuestiones de entrega, como tantas otras cosas. 

Por eso no acabo de entender como hay gente que hace tantas cosas a la vez, para mi resulta imposible, si lo que hago lo quiero hacer bien y buscar la excelencia no me queda tiempo para mucho más, excepto mi refugio personal, ese siempre me ha acompañado, y una caja enorme de nevera, totalmente vacía donde me escondo y me paralizo en la más absoluta contemplación. 

Eso siempre ha sido así, mi refugio ha sido y es la música, podría haber sido el amor, pero el amor es inestable y caprichoso y a veces necesita libertad y desligarse.  Además el amor supone un esfuerzo y dedicación, al ser algo vivo. 

La música es fiel y siempre esta cuando la necesitas para escucharte y hablarte, es un compañero fiel y no te pide nada y llega a descubrir lo más profundo de uno, te ayuda y te descubre partes de ti necesarias para luchar y sobrevivir en esta sociedad cada vez más egocéntrica y egoísta, y sobre todo inculta, en el más amplio sentido de la palabra. 

El siglo pasado teníamos analfabetos cultos, ahora nos sobrepasan los ilustres ignorantes. 

Escribir una maratón no significa llenar páginas, sino sostener el pulso. Es permanecer cuando la emoción inicial se apaga, cuando las palabras ya no brotan con la facilidad del primer impulso y todo se vuelve lento, pesado, casi árido. Es en ese punto donde muchos abandonan; donde yo, tantas veces, he dejado caer la pluma con la excusa de que el silencio también es creación.

Pero el silencio no siempre es creación. A veces sólo es silencio.
Y ese silencio prolongado se convierte en miedo: miedo a no tener nada que decir, miedo a repetirme, miedo a descubrir que en realidad no sé escribir, sino apenas empezar.

Aun así, vuelvo.
Vuelvo porque algo en mí se resiste a rendirse, una voz interior, terca,  me dice que la escritura no es una meta sino un modo de andar. Que escribir no es correr hacia ningún sitio, sino avanzar palabra a palabra.

Y entonces, poco a poco, el papel se convierte en amigo. En un territorio que puedo recorrer sin miedo, donde cada frase es una huella, una gota de sudor, una prueba de que sigo vivo y que algo dentro de mí necesita ver la luz.

Quizás de eso se trate escribir: de seguir corriendo aun cuando nadie aplaude en la meta.
De aceptar que el cansancio también forma parte del camino.
De entender que, al final, la única victoria posible es no detenerse.

A veces me pregunto por qué escribo.
No hay una respuesta clara, sólo impulsos que me llevan de regreso al papel, como si en cada intento buscara una parte de mí que olvidé el día anterior. Escribir es mi manera de detener el tiempo, de volver a mirar lo que ya pasó, de entender algún absurdo. Una forma de recuperar lo que ya no está.

Cada palabra que cae sobre la página tiene algo de confesión, algo de derrota y algo de futuro. Porque escribir no siempre libera; a veces duele, y mucho. Duele cuando descubres que lo que sale de ti no es lo que imaginabas, que tus pensamientos se oxidan al volverse lenguaje, que el corazón y la tinta no siempre se entienden. Pero también, en medio de esa confusión, hay algo profundamente humano: la certeza de que intentarlo ya es una forma de belleza.

He aprendido que escribir no es llenar vacíos, sino reconocerlos y hacerlos amigables. Las palabras no tapan las fisuras, las desdibuja. Y al hacerlo, uno también se desdibuja un poco.

Quizás la escritura sea eso: un esfuerzo constante con lo posible. Con lo que intento decir. Con el silencio que me grita, y el pensamiento que huye.

Escribo para entenderme.  Agradezco si alguien me lee.
Y en ese entenderme, encuentro una forma de estar en paz, aunque sea por un momento breve, fugaz, como la respiración que logra hacerse palabra antes de convertirse en aire.

Con el tiempo he comprendido que no hay escritura sin pérdida.
Cada palabra que elijo deja otras en el camino, y cada frase que construyo es también una renuncia. Pero quizás ahí esté la magia: en aceptar que no se puede decir todo, que siempre quedará algo fuera del papel, latiendo en silencio, esperando su turno.  Así también es la vida, renuncia tras renuncia.

Escribir me ha enseñado a mirar distinto.
A reconocer en los días más simples una pequeña grieta de belleza: el olor del café, la sombra que se estira por la tarde, una frase que se me escapa y vuelve más tarde arrepentida.

Porque escribir, al final, no es una meta. Es un regreso. Un volver una y otra vez a ese lugar interior donde todo comienza, donde la memoria se mezcla con el deseo y la vida se vuelve, por un instante, completamente habitable.

Jul
2nd

Escenas y páginas

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449713932_10230679835893894_1667280353921535993_nNuestras vidas se componen de escenas, capítulos que duran más o menos y que narran ese conjunto de años, meses, días, puede que incluso horas o tan solo minutos, paginas donde se reflejan personajes y espacios que han formado parte de nuestra línea del tiempo. Yo puedo hablar un poco de mi calle y sus cambios de página, ya es otro libro, ya nada tiene que ver con su esplendor. Todos los que fueron sus protagonistas y le dieron el carácter a la calle, no están, tampoco la calle como tal, ahora salen hierbas por todos los rincones, incluso mierdas de perro, los días y las noches con sus voces y sus risas, no volverán. Las puertas abiertas con las cortinas ondeando a la espera de que alguien se asome han perdido el sentido, y parece que la desconfianza y las cerraduras ocupan su lugar.

Ya no hay tomates ni pepinos en la puerta de Benito, ya no se oye la motillo rugir camino a la huerta, ya no se oye la voz gruesa apartando la cortina diciendo “quien hay”, nunca faltaba la visita y la charla después del rato en la huerta. Tampoco se oye a Teodora, ya no se puede ir a verla coser, una muy buena señora, con carácter, y muy buena vecina, yo por suerte aún conservo un precioso traje de verano con chaleco incluido hecho por ella hace 44 años. Impecable, moderno, pero, un poco estrecho. Como he dicho todo cambia y la envergadura tiende a expandirse mientras todo lo demás se contrae.

Podría extenderme muchos más años atrás con mi vecino Juan, el panadero, y sus charlas en el batiente de su puerta, sentados uno al lado del otro, contándome cosas de la guerra, de mi padre, de sus avatares, palabras que se mezclaban con el olor a pan cociéndose en el horno de retamas del patio trasero. El panadero Juan ha sido quien más cosas de mi padre me ha contado, de algún modo mi padre confió en él.

Mi madre supo mantener viva la parte de la llama que le correspondía para mantener la luz que daba vida a la calle. Al final o al principio, haciendo esquina, estaba la tienda de Tarsicio y mas al fondo la puerta falsa del casino, con su olor a polos de fresa en verano. La tienda de Tarsicio si bien era de telas, recuerdo haber comprado comida, y sobre todo elegir de su escaparate los juguetes de reyes, mi sombrero y mi pistola de vaquero, también quería el rifle y los reyes se habían olvidado, fue tal la verraquera que mi padre fue a buscarlo a la tienda el mismo día de reyes y me dijo que se lo había olvidado en el camello. Un descuido lo tiene cualquiera, pensé.

Las calles cambian, los paisajes cambian, las personas cambian, avanzamos y todo es nuevo, pocas cosas permanecen, desaparece lo viejo y viene lo joven y la vida continúa. Pero esas escenas no dejan de bullir y siempre están entre nosotros, aunque cada vez más lejanas y por razones generacionales también les llegara el olvido. Por eso vale la pena recordarlas y contarlas.

Abr
30th

Esperando un paquete

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_93d72f17-ad0d-473e-a12d-46b2df8fbb64Camino entre montañas pisando un valle con el rostro inundado de felicidad animal, sin razonamiento alguno, sin ninguna señal que alterarse la naturaleza porque un ser humano merodeaba por allí.

Salvaje, sin ningún pensamiento, sin ninguna intención, respirando tan solo, saboreando el aire dulce y fresco que entraba en mis pulmones en pequeños torbellinos salpicados del roció mañanero, un aire que me obligaba a sentir y embriagaba mis ojos con visiones tan lejanas como inalcanzables, sueños irreales y realidades inventadas como si de un cuento se tratara, nada cierto pero tan útil como el agua que calma la sed; el tiempo en soledad agranda el pensamiento y actúa a modo de bálsamo mágico atenuando la tendencia a la alucinación previa a la locura. Nada se asemeja tanto a la vida, nada se antoja tan hermoso como la contemplación mientras se pasea por valles infinitos, dibujados sin nubes o entre arboledas sin sombras, solo con la luz cálida que lo ilumina todo y un horizonte siempre borroso por brumas inoportunas difíciles de disolver, y ahí voy, o vamos, hacia ese punto tan enorme y tan lejano con la certeza de no alcanzarlo nunca, pero el misterio y la curiosidad encabritada nos anima mientras el amor siga siendo el actor protagonista en este teatro de la vida.

Estaba en un rincón del sofá, reclinado hacia atrás, hecho un ovillo, con las piernas recogidas debajo de una manta, ensimismado, sin hacer nada, una luz tenue se filtraba por el ventanal entre las cortinas, entonces me di cuenta de mi error, no estaba vagando por paisajes salvajes al aire libre. Estaba esperando, con letargo y cansancio, la llegada de un paquete cuyo contenido era un misterio, solo sabía que era pequeño y no tenía remitente. Algo así como el ramillete de violetas de Cecilia, y aquí estoy, esperando.

Mar
14th

El desencanto

20240310_105448El desencanto suple en mi la razón de otras cosas, es parte de ese vacío que arroja a la persona a la desorientación, causa fundamental de búsqueda de nuevos horizontes, nuevos puntos de referencia donde aferrar la lucha de cada día. Es inevitable pensar que las cosas, la razón de ser, todo lo que un día significo algo, se nuble y pierda su viejo encanto, su atractivo y refugio

Mar
14th

Abajo las armas

20240311_182141Algunas preguntas y afirmaciones que surgieron cuando leía la novela, hace 43 años.

– Mi pensamiento transcurre dentro de mi propio pensamiento.

– La verdadera vida empieza con la paz y la paz se encuentra en la felicidad de cada uno.

– ¿Que es la vida y Que es la muerte?

– La soledad forma parte de la tortura del hombre ¿porque nos torturamos?

– La sociedad está madura. Yo no quiero su fruto.

– Busco en mi lo que no encuentro en los demás ¿Qué busco en los demás?

– Los demás buscan en mi lo que no encuentran en ellos ¿ Que buscan en ellos?

Mar
6th

La espera y el sueño

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De espaldas en la pared, la rodilla derecha flexionada y la planta del pie apoyada al muro, estaba allí ensimismado, por la postura supongo que esperando, no sé bien a quien, ni porqué, estaba totalmente en blanco, como acabado de despertar de un sueño, pero en cuanto la vi, supe que era a ella, la mire, la abrace y la traje hacia mí, nos conocíamos pero quedo sorprendida, no lo esperaba, era la primera vez que yo manifestaba mi deseo de forma tan evidente y práctica, su cara estaba sonriente y su cuerpo, dócil, se dejó llevar.  Sin pensarlo, con las prisas del que huye, di refugio a mis manos debajo de su ropa, y la acaricie suavemente, cerré los ojos para notar su piel y dejarme caer por su pendiente para refugiarme en su calidez, las sensaciones fluían en un rio de acordes que invadían mi pensamiento desbordándolo de felicidad, haciendo de ese momento  breve de realidad un sueño infinito de placer, lejos de allí, en algún otro lugar de nuestra imaginación.

Atraer su cuerpo y notarlo en mí, me sumía en un placer extraño, huraño, no quería compartirlo, ni que nadie lo viese o lo notara, quise ser egoísta para proteger ese momento o sueño.  Si alguien lo reconocía sentiría la necesidad cierta de quitarme aquel tesoro, de invadirlo y quitarle su brillo, de curiosear y estropearlo.  Rompiéndolo, y eso me atormentaba.  Me hacía dudar.  Y la duda fue el motivo. Y el miedo la razón.  Aquello acabó, en cuanto desperté.

Feb
15th

La Bolu

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2015-03-26 18.22.48Sus ojos parecen grabados en un peñasco de los que se bañan en los ríos y se calientan al Sol de Andalucía, llenos de dureza, ávidos de recoger el sueño del caminante y ofrecerle el calor cosechado durante el día.
Su rostro bañado de luz blanca remarca su tristeza y un enorme cansancio, levanta sus brazos delgados y con movimientos lentos y temblorosos hace gestos de ayuda, intentando no mirar al precipicio que le ha llevado la vida, se entrevé el miedo y el deseo, el miedo a no sentir una mano que apriete la suya y el deseo de largarse, de reencontrarse con su infancia, de comenzar de nuevo su vida sin dolor, resolver el sueño eterno.
La cercanía hace que los sentidos despierten y canalicen los brotes de esperanza, un asidero donde frenar la caída y robarle momentos a las prisas de la vejez, sabiendo que todo esfuerzo resulta fugaz pero que vale la pena jugarlo.
Su piel casi hueca, agradece el calor de otras manos, de otra piel, el sonido de la voz hace despertar sus ganas de explicar, pero un denso barro cubre su voz y solo deja salir un alarido sordo que ahoga sus deseos y acentúa su cansancio. Entonces aprieta las manos y agudiza su mirada comunicando de otro modo su agradecimiento.

Feb
12th

lecturas pretéritas

Imagen de WhatsApp 2024-02-09 a las 12.09.16_d2da81d3Pretéritas y buenas lecturas. Ideas y conceptos basados en el respeto y la libertad, lecturas recomendables como tantas otras para este nuevo feminismo, que nace rancio por la ignorancia y sobre todo por la falta de la educación familiar de base y el olvido del uso de la palabra "no".

Otro tanto del ecologismo radical orientado en reprimir y marcar a los de siempre como únicos culpables.

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