Nov
24th

Las ZBE y el comercio

Vivimos tiempos en los que la ciudad, que debería ser un espacio de encuentro, libertad, se ha convertido en un laberinto tejido por decisiones que rara vez toman en cuenta las necesidades cotidianas de quienes la habitan. Las Zonas de Bajas Emisiones, concebidas originalmente como herramientas para mejorar la salud pública y reducir la contaminación en entornos especialmente castigados por décadas de especulación urbanística, han terminado aplicándose, sin reflexión y sin valores, como parches sobre un tejido urbano que ha ido creciendo enfermo.

Durante años, buena parte del crecimiento de nuestras ciudades se guio más por la rentabilidad inmediata que por la sensatez del diseño. Se levantaron muros invisibles entre barrios, se estrecharon flujos, se sacrificaron ventilaciones naturales, se levantaron manzanas cerradas que atrapaban el aire sucio del mismo que algunos se hacían millonarios. Y ahora, todos esos errores, las administraciones pretenden imputarlos al ciudadano, mediante prohibiciones, arruinando la manera en que las personas se relacionan con la ciudad y con su comercio.

El caso de Madrid es paradigmático: una ciudad que, por su tamaño y estructura, debería poder cruzarse con fluidez, se ha convertido en un territorio segmentado donde atravesarla es literalmente imposible, has de pagar 200 euros. Granada, con su casco histórico delicado y complejo, vive tensiones similares. Y así ocurre en muchos otros núcleos del país. La sensación, para miles de ciudadanos, es la de estar siendo empujados hacia los márgenes, como si la ciudad se cerrara sobre sí misma para aquellas capas más solventes.

No se trata de negar la necesidad de mejorar la calidad del aire. Nadie cuestiona que respirar debería ser un acto seguro en cualquier calle, a cualquier hora. Pero resulta difícil aceptar que quienes pagan las consecuencias de la mala planificación de ayer sean precisamente quienes hoy necesitan moverse, trabajar, visitar a sus familiares o simplemente atravesar su propia ciudad. Lo que duele no es solo la medida, sino la falta de coherencia: décadas de errores estructurales justifican ahora restricciones que no son nada eficientes ni dignas.

Quizá la mayor frustración no proviene del cierre de calles, sino del cierre del diálogo. De la ausencia de un mensaje claro, honesto y completo. Sin explicar cómo se piensa garantizar la movilidad de todos, sin ofrecer soluciones que realmente equilibren bienestar, medio ambiente y justicia social.

¿En qué tiempos vivimos? En tiempos en los que las palabras se multiplican pero los mensajes se diluyen; en los que las decisiones se justifican con grandes conceptos, pero se aplican sobre realidades pequeñas, que son nuestras y afectan profundamente en nuestras vidas. Tal vez lo que falta es una visión de ciudad que incluya a todos, que respire con todos y que no confunda protección con exclusión.

Nov
24th

Cuando ser “progre” dejó de ser progre

Durante mucho tiempo, la palabra progre evocaba una actitud rebelde, inconformista y crítica con el sistema. Ser progresista era sinónimo de cuestionar el poder, de poner en duda las estructuras establecidas, de defender causas libertarias, feministas, internacionalistas y, en definitiva, de situarse en la periferia del orden dominante. Era una identidad que se construía en la oposición y que se alimentaba de la voluntad de transformar la realidad desde fuera de las instituciones, desde fuera del poder.

Pero hoy, ese significado ha cambiado de forma sustancial. En buena parte del panorama político actual, el progresismo ya no ocupa el lugar del desafío, sino el del poder. Las ideas que antes se presentaban como alternativas han sido asumidas por los gobiernos, por los aparatos administrativos y por buena parte de las élites culturales. El progresismo, en este nuevo escenario, ya no se vive como un grito de protesta, sino como un discurso institucionalizado, respaldado por leyes, presupuestos y estructuras de gestión.

Este desplazamiento tiene consecuencias profundas en la forma en que nos posicionamos políticamente. De pronto, lo que antes era contracultural se convierte en ortodoxia; y quien se atreve a cuestionar esa ortodoxia es etiquetado de inmediato como “facha”, aunque sus planteamientos no coincidan con la derecha clásica. La crítica al progresismo oficial se convierte así en una especie de herejía ideológica que debe ser desactivada mediante el insulto y el etiquetaje intencionadamente descalificador.

La perversión del lenguaje político juega aquí un papel decisivo. Las etiquetas ya no sirven para describir posiciones, sino para deslegitimar al adversario. “Progre” ha pasado de ser un símbolo de insurgencia y transgresión a serlo de institucionalidad. Y “facha” se usa a menudo como cajón de sastre para todo aquel que no confiesa fidelidad al relato dominante, aunque defienda ideas heterodoxas, más democráticas o simplemente pida una revisión crítica del rumbo político.

Quizá el verdadero problema es que la política se ha convertido en una batalla de relatos identitarios donde lo importante ya no es el contenido de las ideas, sino la tribu a la que aparentemente se representa. Y cuando eso ocurre, el debate público se empobrece, se vuelve predecible y se encierra en un bucle de consignas, acaba siendo una discusión corrosiva.

Conviene entonces preguntarse si no ha llegado el momento de abandonar etiquetas que ya no significan lo que un día significaron. Porque, en un escenario donde las ideologías parecen haberse dado la vuelta, lo verdaderamente relevante es recuperar la reflexión, la crítica y la capacidad de señalar al poder, sea del color que sea, sin miedo a ser despachado con un adjetivo que pretende cerrar el debate antes de que empiece. El cuento de que “viene el lobo” está cerrando el debate y calando en una sociedad infantilizada y anestesiada.

Tal vez ser progresista hoy debiera ser no seguir al progresismo institucional, sino precisamente cuestionarlo, como antaño se cuestionaba a cualquier forma de poder. Y quizá la verdadera transgresión vuelva a estar, como siempre, en pensar por cuenta propia.

¿Qué difícil?

Nov
3rd

Escribir, mi maratón

Siempre me ha gustado escribir, pero lamentablemente para escribir hay que ser paciente y picar mucha piedra; sentarse ante un papel en blanco, mirarlo y dejar que te atrape, que te absorba y te aleje por largos momentos de la realidad liberando tu imaginación y tu memoria, esa es la dificultad de escribir, al menos una de ellas, yo no tengo el habito de la paciencia en la escritura, hasta este momento las carreras han sido cortas, ahora mi intención es correr una maratón. 

Mi vida y mi profesión se han canalizado por otros derroteros, que no considero menos validos ni menos creativos, todas las vidas y todos los oficios, se pueden considerar válidas y válidos, si el que las vive las disfruta con humor con instinto de superación y entrega.

Ninguna cualidad está por encima de la otra, son todas igualmente importantes. 

Por tanto en ese sentido el deseo de escribir como parte principal se ha quedado en los pequeños recodos del camino por cuestiones de entrega, como tantas otras cosas. 

Por eso no acabo de entender como hay gente que hace tantas cosas a la vez, para mi resulta imposible, si lo que hago lo quiero hacer bien y buscar la excelencia no me queda tiempo para mucho más, excepto mi refugio personal, ese siempre me ha acompañado, y una caja enorme de nevera, totalmente vacía donde me escondo y me paralizo en la más absoluta contemplación. 

Eso siempre ha sido así, mi refugio ha sido y es la música, podría haber sido el amor, pero el amor es inestable y caprichoso y a veces necesita libertad y desligarse.  Además el amor supone un esfuerzo y dedicación, al ser algo vivo. 

La música es fiel y siempre esta cuando la necesitas para escucharte y hablarte, es un compañero fiel y no te pide nada y llega a descubrir lo más profundo de uno, te ayuda y te descubre partes de ti necesarias para luchar y sobrevivir en esta sociedad cada vez más egocéntrica y egoísta, y sobre todo inculta, en el más amplio sentido de la palabra. 

El siglo pasado teníamos analfabetos cultos, ahora nos sobrepasan los ilustres ignorantes. 

Escribir una maratón no significa llenar páginas, sino sostener el pulso. Es permanecer cuando la emoción inicial se apaga, cuando las palabras ya no brotan con la facilidad del primer impulso y todo se vuelve lento, pesado, casi árido. Es en ese punto donde muchos abandonan; donde yo, tantas veces, he dejado caer la pluma con la excusa de que el silencio también es creación.

Pero el silencio no siempre es creación. A veces sólo es silencio.
Y ese silencio prolongado se convierte en miedo: miedo a no tener nada que decir, miedo a repetirme, miedo a descubrir que en realidad no sé escribir, sino apenas empezar.

Aun así, vuelvo.
Vuelvo porque algo en mí se resiste a rendirse, una voz interior, terca,  me dice que la escritura no es una meta sino un modo de andar. Que escribir no es correr hacia ningún sitio, sino avanzar palabra a palabra.

Y entonces, poco a poco, el papel se convierte en amigo. En un territorio que puedo recorrer sin miedo, donde cada frase es una huella, una gota de sudor, una prueba de que sigo vivo y que algo dentro de mí necesita ver la luz.

Quizás de eso se trate escribir: de seguir corriendo aun cuando nadie aplaude en la meta.
De aceptar que el cansancio también forma parte del camino.
De entender que, al final, la única victoria posible es no detenerse.

A veces me pregunto por qué escribo.
No hay una respuesta clara, sólo impulsos que me llevan de regreso al papel, como si en cada intento buscara una parte de mí que olvidé el día anterior. Escribir es mi manera de detener el tiempo, de volver a mirar lo que ya pasó, de entender algún absurdo. Una forma de recuperar lo que ya no está.

Cada palabra que cae sobre la página tiene algo de confesión, algo de derrota y algo de futuro. Porque escribir no siempre libera; a veces duele, y mucho. Duele cuando descubres que lo que sale de ti no es lo que imaginabas, que tus pensamientos se oxidan al volverse lenguaje, que el corazón y la tinta no siempre se entienden. Pero también, en medio de esa confusión, hay algo profundamente humano: la certeza de que intentarlo ya es una forma de belleza.

He aprendido que escribir no es llenar vacíos, sino reconocerlos y hacerlos amigables. Las palabras no tapan las fisuras, las desdibuja. Y al hacerlo, uno también se desdibuja un poco.

Quizás la escritura sea eso: un esfuerzo constante con lo posible. Con lo que intento decir. Con el silencio que me grita, y el pensamiento que huye.

Escribo para entenderme.  Agradezco si alguien me lee.
Y en ese entenderme, encuentro una forma de estar en paz, aunque sea por un momento breve, fugaz, como la respiración que logra hacerse palabra antes de convertirse en aire.

Con el tiempo he comprendido que no hay escritura sin pérdida.
Cada palabra que elijo deja otras en el camino, y cada frase que construyo es también una renuncia. Pero quizás ahí esté la magia: en aceptar que no se puede decir todo, que siempre quedará algo fuera del papel, latiendo en silencio, esperando su turno.  Así también es la vida, renuncia tras renuncia.

Escribir me ha enseñado a mirar distinto.
A reconocer en los días más simples una pequeña grieta de belleza: el olor del café, la sombra que se estira por la tarde, una frase que se me escapa y vuelve más tarde arrepentida.

Porque escribir, al final, no es una meta. Es un regreso. Un volver una y otra vez a ese lugar interior donde todo comienza, donde la memoria se mezcla con el deseo y la vida se vuelve, por un instante, completamente habitable.

Sep
9th

La distancia

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Tarde mucho tiempo en darme cuenta, a veces es muy difícil ver lo que tienes delante, nuestra consciencia está guiada por nuestro deseo y transforma el pensamiento y la realidad a nuestra conveniencia. Antes de asomarme por ese muro no lograba entender la diferencia de inquietudes, la brecha que separaba mi vida de las suyas era una evidencia palpable, estaba ahí desde hacía mucho tiempo y por fin lo vi. Existían dos mundos, cada uno con idéntica medida del tiempo, los dos reales, separados físicamente por cierta distancia. Cuando cambiaba de un mundo a otro en uno mágicamente congelaba el tiempo mientras en el otro la vida seguía con su ritmo trepidante. Me engañaba. En los dos fluía el tiempo con la misma velocidad, nada podía frenar su naturaleza imparable, era yo, quien cuando abandonaba el pueblo, del mismo modo que cerraba la puerta de mi casa, echaba la llave y todo se detenía hasta la próxima vez, así, de igual modo, guardaba los últimos momentos inolvidables de ese universo en mi memoria, también bajo llave, sin tocarlos, inalterable, como el que guarda sus juguetes, hasta la próxima vez.

En esa próxima vez, yo esperaba encontrar esos momentos inalterados tal como los había guardado, puede parecer egoísmo, incluso ignorancia, o ambas cosas, pero en realidad era deseo, un deseo superior de vivir momentos pendientes y no vividos, puros, que sin embargo cuando los vuelves a encontrar poco se parecen a lo que dejaste, la erosión del tiempo es muy real e impla-cable, los momentos no vividos tienen fecha de caducidad y no son recuperables. Es cuando te sientes mal, notas que ese mundo ha envejecido como tú y los momentos que esperabas encontrar ya han sido vividos, no por ti, por ellos, por otros, y percibes su pérdida con desasosiego, nunca volverán, te sientes mal e intentas buscar una razón, un culpable, y los culpas a ellos por no esperarte. Absurdo e infantil. Imposible estar en dos sitios a la vez, imposible vivir dos vidas paralelas, imposible sin que una de ellas sea ficción.

Podría haber sido de otra manera, de cualquier otra manera, pero lo inevitable se impone y el tiempo lo erosiona todo y lo transforma, aunque en nuestra memoria y en nuestro corazón los recuerdos intenten recuperar esos mundos que quedaron a medias, y es curioso, ese sentimiento solo me ha pasado con el pueblo y sus gentes, siempre que vuelvo me resisto a no encontrar la misma gente, el mismo entorno y vivir la intensidad de las mejores veces. Es algo que he aceptado en todas las facetas de mi vida, el tiempo cuenta y es limitado, se agota, nos desgasta y nos roba de forma permanente aquello y a aquellos que queremos, es así, poco a poco, sin embargo, cuando se trata del pueblo me cuesta aceptarlo y una especie de tristeza también desconocida se apodera de mí y me enfurece y me rebela, aquello que era mío y además formaba parte de mi noto como se aleja y he de esforzarme para no rendirme a esa evidencia que cada vez resulta más real y me desanima, ahora los dos mundos me resultan iguales, y eso es lo que yo no quería, igualar un mundo y el otro es una especie de fracaso, aun aceptando que el tiempo suceda de forma igual, el mundo de mi pueblo, era un deseo permanente, un refugio, un paisaje donde evadirse, un misterio que siempre estaba por descubrir, un regalo para los sentidos, una primavera permanente, una brisa necesaria para el corazón caliente de las noches de verano, y eso desaparece lentamente para dejar paso a otra cosa, también hermosa, diferente y mucho más lejana e inasible que la otra, no por peor, quizás solo por torpeza propia o por no aceptar la renuncia, o la derrota…

Dic
21st

Carta a los Reyes

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reyes-magos-5.1.211Este año mi carta a los Reyes Magos no puede ser corta, pero ante la necesidad de no aburrir ha de ser comedidamente justa, este año dos cosas me han impresionado sobremanera, más que otras, pero sin menospreciar esas otras, la guerra de Ucrania ha sido un mazazo y los incendios y las temperaturas del verano otro.

El Planeta necesita de nuestros cuidados si queremos que nos siga acogiendo a nosotros y a las generaciones futuras y la guerra ha de terminar, por supuesto con la retirada del agresor.

No podemos ir hacia atrás en la economía y en el bienestar de las familias, la energía, el agua, la alimentación y la vivienda no han de ser un lujo ni motivo de especulación, han de ser un patrimonio protegido de la humanidad, se han de articular políticas para proteger y racionalizar su acceso y su uso, los delitos de sedición y malversación, no son de uso común, la especulación con la vida, la salud y el bienestar de las familias si nos afecta.

El crecimiento económico no ha de ser la medida del desarrollo de un país, no mientras ese crecimiento sea a base de esquilmar los recursos y destruir la habitabilidad del Planeta, el consumo desmedido e innecesario no nos hace mas felices, aunque la publicidad insista en ello.

Debemos prescindir de lo políticamente correcto y decir a los tontos lo que son, sobre todo cuando su actuación nos afecte porque actúen en la esfera publica y es que con la corrección se nos ha llenado lo público de impresentables oportunistas, un coladero.

Debemos recuperar el lenguaje, el dominio del lenguaje permite esclavizar a la gente, el uso del significado es un arma muy efectiva para crear opinión y enfrentamientos, y se lo están apropiando las nuevas minorías y las nuevas izquierdas como propio, la derecha esta en otra cosa. El lenguaje institucional hay que escucharlo con el filtro del sentido común, si se tiene.

La política no ha de ser refugio de horteras y chulos que buscan momentos de gloria, no ha de existir distancia entre lo que se dice y lo que se hace y lo que luego sucede, o al menos no caer en la trampa y ser capaces y resituar la situación en nuestra oportunidad en las urnas. La política nos ha perdido el respeto al creernos imbéciles, y las instituciones también, con las colas, las citas previas interminables y la decadencia de los servicios, con mas impuestos.

Me gustaría volver a creer en la palabra, en su sonido, en la voz, en una llamada de teléfono, me sobran iconos y mensajes rápidos, quiero pasear viendo caras y no peinados de cabezas agachadas, me gustaría que ese instrumento que empezó siendo un teléfono se convierta en una herramienta y no en un sustituto.

Y por ultimo me gustaría que los reyes me trajesen un tintero de tinta china con olor a tinta y a cuaderno para emborronar las paginas en blanco aún por escribir.

Dic
15th

¿A que huele la soledad?

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IMG_20160229_214701¿A que huele la soledad?, numerosas situaciones de nuestra vida tienen asociado un olor característico e imperecedero, una fragancia que nos traslada automáticamente a esos momentos, pero la soledad, ¿que olor tiene?, supongo que es algo individual, dependerá, sin embargo, hay unos olores característicos, y quizás comunes, que inevitablemente me recuerdan a una de las soledades mas brutales e incomodas, el puré de patatas con verdura, mezclado con el olor a sopa de avecren y en el fondo un leve y penetrante olor a mierda y orines. No hay peor soledad que la de nuestros mayores recluidos en una residencia, sin culpar a nadie, es la propia vida la que nos va olvidando y echando a un lado como un trasto inservible. Solo les queda el alivio de su memoria, volver a sus mejores años y rememorarlos una y otra vez como si de la propia realidad se tratara, volver a ser el protagonista de sus vidas, para completar esa felicidad solo es necesario escucharlos y no romper su burbuja.

Nov
19th

Revista Ripollet

Puede ser una imagen de 2 personas y textoEl encuentro convocado por la Asociación Radio Ripollet fue un éxito de gente preocupada por la continuidad de la Revista Ripollet. Los tiempos han cambiado y la revista debe reinventarse o morir, del mismo modo que la financiación de la misma. La liquidez asociada a la publicad del comercio local ya no es suficiente, por lo tanto hay que buscar otras vías diferentes y que den fiabilidad al proyecto a largo plazo. Es necesario realizar unas previsiones de tesorería a 12 meses para prever la liquidez inmediata y tomar medidas correctoras en caso necesario y un plan de viabilidad con todas las iniciativas financieras viables para que el proyecto no solo no muera sino que tome fuerza y perdure 40 años más.

Aparte de las subvenciones institucionales a fondo perdido, de la nueva fórmula de suscriptores y entidades amigas, se necesitan sponsor permanentes de marcas o empresas no necesariamente locales con reconocimiento en contraportada. Sería conveniente que el ayuntamiento realizara todas las comunicaciones a los ciudadanos a través de este medio local, se debe cancelar el boletín municipal y encartarlo como suplemento en las páginas centrales con las características que el departamento de comunicación del ayuntamiento determine, y ¿porque hacerlo así?, simplemente es más económico y ese ahorro revierte a los ciudadanos de Ripollet, por un lado y permite la subsistencia de un medio que es ya un símbolo de la cultura y la información local, además.

Las suscripciones, en mi opinión se han de reconducir para facilitar su atractivo, siendo como son una parte complicada y con poco atractivo para gran parte de la ciudadanía, deberían ser mensuales y no pasar de 5 euros, este importe no supone un gran esfuerzo para la mayoría, si alguien quiere hacerlo anual, simplemente se atiende su petición, esto creo abre un abanico más amplio a las suscripciones. El suscriptor amigo. Totalmente de acuerdo con la aportación de montar la paradeta en diferentes lugares del pueblo para captar suscriptores. Haría falta no obstante estudiar la imagen, los mensajes y definir claramente los objetivos de la nueva revista.

Entiendo que la revista se ha de reinventar, en su formato y en su contenido, ha de volver a ser ese punto de encuentro, de reflexión y debate de frescura que fue, antes de consumir todo enlatado de la red. La Asociación ha de ser lo mismo, se han de recuperar y proponer espacios de reflexión y debate en vivo, charlas, encuentros, sin llegar a aburrir, pero si los necesarios para despertarnos del aletargamiento y de la estupidez social cada vez más presente.

Es necesario una nueva época para afrontar tantas y tantas cuestiones importantes por resolver que nos afectan como ciudadanos de Ripollet y del mundo, y la Revista de Ripollet es un magnífico instrumento, como lo fue.

Mar
22nd

Zona de bajas emisiones

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El Superior catalán anula el veto a los coches “mas contaminantes” como no podía ser de otra manera principalmente por la “proporcionalidad”, una medida restrictiva como esta aparte de ser irracional y sostenida por argumentaciones demagógicas y datos sesgados no soluciona el problema de la contaminación de las ciudades y demuestra una vez mas la poca talla de los que la implantan. Y lo peor, el resto de inútiles en muchas ciudades con una meditación profunda y mucho esfuerzo han hecho un copia y pega de tamaña injusticia que vulnera tantos derechos fundamentales que con mencionar dos creo es suficiente, vulnera la libertad de movimiento a favor de otros con mas capacidad adquisitiva, y vulnera el derecho al trabajo, casi nada.
Según el ayuntamiento se ha reducido un 11% las emisiones de dióxido de nitrógeno y ha reducido en más de 600.000 los desplazamientos diarios. Mentira lo uno y vago lo otro. El principal foco de contaminación de NOX es el puerto y sobre esto no se actúa.
Las caravanas de entrada y cruce de Barcelona son constantes, la velocidad y paradas en Barcelona ha disminuido, cientos de coches parados contaminan, ademas de forma gratuita, sin necesidad, los atascos se producen por aumento del trafico.
Esta bien que se intente controlar la contaminación de las ciudades pero proporcionalmente a todos y cada uno, no afectando a las clases mas desfavorecidas ni a la necesidad de movilidad de las personas, ni prohibiendo, contamina más el que mas uso hace del coche. Y luego, que tienen que ver pueblos como Sant Cugat o Ripollet con la problemática de contaminación de Barcelona, para que rápidamente copien el modelo. ¿Que clase de enajenación mental se esta apoderando de la razón?.

Nov
4th

La culpa de todos

CULPAHoy leyendo un interesante articulo en una revista dominical, he encontrado cuatro palabras que definen perfectamente el estado de animo de una colectividad o nación: indignación, frustración, resignación e indiferencia.  Y han de suceder por ese estricto orden, y se encuentran solapados.  Hay quien tiene capacidad de indignarse, hay quien se frustra directamente, el que se indigna acaba frustrándose, ambos acaba resignándose y acaban en la situación de letargo que es la indiferencia.

Esto le sucediendo a España y a media Europa, estas cuatro palabras están siendo las protagonistas, están formando un mezcla explosiva, para detectar la magnitud de su significado, solo hay que reflexionar un poco y pensar en un país indignado, harto de tanto expolio y violación de su bolsillo y de sus derechos por una democracia que se esta tornando una “dictadura democrática”, piénsese en un país frustrado sin capacidad de voz, sin que nadie haga caso al ciudadano la “prepotencia democrática” que lo arrasa todo empleando consignas del tipo  lo hacemos “por su bien”.

Que triste pensar en un país resignado, resignarse significa comenzar a dejar de luchar, perder las ilusiones y aprender a ser más egoísta, si ello es posible, resignarse es el paso previo a dejar de ser y dejarse llevar, es el espaldarazo a la partitocracia y las castas ¿lo mejor para un país?.  Pero quizás lo peor, como resultado de todo lo anterior es la indiferencia, los peor para la sociedad y para el país, pero de lo mejorcito para quien gobierna mal y no quiere injerencias.  Indiferencia: que caigan chuzos de punta, que yo, mando de tv y sofá y una birrita para acompañar,  y cuando me toque a mi, ya me espabilare.  Si puedo.

Oct
27th

La flojera política

bostezosEl otro día un pescador comentaba que sucedían cosas extrañas, encontrar gambas fuera de temporada donde debía encontrarse sardinas, también sucede con el clima y como si formara parte de un todo universal, el contagio de lo “raro” se ha instalado en la especie humana, y con saña en las clases dirigentes y poderosas.  La enfermedad de lo extraño nos ha contagiado y ha mutado en estupidez y falta de criterio, es el mal del lelo, en palabras de la calle del “gilipollas”.  Es sumamente difícil mantenerse al margen de esta epidemia, es un doble esfuerzo, la de evitar el contagio y la de aguantar a los cada vez más numerosos contagiados.

¿ En que fase del contagio o de inmunidad estamos cada uno de nosotros?  Difícil determinar, porque el primer síntoma es la negación de la gilipollez, el gilipollas no sabe que los es.  Es condición necesaria.

Sea como sea y para que no sirva de guía, pongamos un ejemplo, usted (mejor que yo) se queda sin trabajo y como consecuencia le aqueja aquello de “al perro flaco todo son pulgas”, pues bien ante ese panorama, dos opciones nada fáciles, una por desgracia muy común: depresión y lamentos y otra, rebeldía y trabajo, cosa muy complicada cuando se vive en precario y acosado por la miseria. Usted no esta contaminado, pero es culpable de su propia desgracia, ello según la doctrina al uso y la decencia política revisada y vigente.  Una situación que forma parte de lo “raro”.

Otro ejemplo, Maragall en su efímera etapa de “President”  socialista, dio inicio a la aventura más “rara” de los últimos tiempos para Catalunya, a continuación, la mediocridad y flojera insoportable del señor Montilla la ha continuado y superado dándole tintes suicidas y mas “raros” aún, y eso gusto tanto, o es tal la ignorancia del votante que le dieron las riendas a los verdaderos nacionalistas para continuar y culminar si ello era posible, por lo visto lo es,  la “rara aventura”.  Aquí existe contaminación en estado puro, pero al ser la tendencia de moda y bien vista, incluso políticamente correcta, lo raro pasa a ser normal.  Sin ser lo correcto.

La aceptación por una mayoría de un régimen o de unas premisas, más aún, un comportamiento determinado por mucho que sea asimilado y tutelado, no implica que sea correcto, el régimen nazi que fue aceptado, idolatrado, protegido e impuesto, no fue correcto, y fue evidenciado por sus acciones, sus motivaciones y la verdad de sus atrocidades.  El nacionalismo inventado es “raro”, pero supone un buen refugio cuando tenemos un vacío de ideas y de soluciones a nuestro acontecer social. A Cataluña le sobran zánganos políticos, burócratas ilustrados, chorizos institucionales y grasa en muchas de sus instituciones y le falta la libertad o libertades suficientes, quizás también el dinero, para poder acometer con coraje la salida de esta brutal crisis.  La Autonomía en vez de crear un sistema diferenciado y ágil ha generado una bestia con un corsé que impide cualquier movimiento fuera del identitario. Pero ya veremos.  Por supuesto aquí existe contagio.  En estos tiempos no hay ninguna institución incluida la municipal, cercana al ciudadano, conocedora de sus problemas y comprometida a resolverlos.  La única cuestión importante y a la que se dedican todos los esfuerzos es a dotar de movimiento a la descomunal e inútil maquina  de la burocracia que poco a poco nos engulle y de la que sus cuidadores se sienten orgullosos.  Me gustaría ver a algún alcalde, tan cercanos, según ellos, comprometido con los problemas de sus ciudadanos, por ejemplo con los desahucios, con las preferentes o simplemente llamando la atención a sus partidos, en vez de convertirse en señores de su feudo.