
Las vidas se van gastando, cada día las sensaciones se van alejando, las cosas se relativizan, pero persiste el anhelo. Las cosas que alguna vez parecieron absolutas, urgentes o definitivas, adquieren otra dimensión bajo la luz cambiante de los años. Aun así, persiste el anhelo: esa llama silenciosa que a veces llamamos deseo, que no se extingue, que insiste en recordarnos quiénes somos y qué seguimos buscando, incluso cuando todo lo demás parece diluirse.