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6th

La media hora del bocadillo

  
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trabajadorMientras se tomaba un carajillo, un compañero el otro día me preguntó, con cierta distracción y sin esperar más respuesta que el típico, “y yo que sé”: ¿cuanto duraría esto?.  La pregunta por corta, contiene y contenía altas dosis de indefinición y la malicia del que te quiere liar.  Podía haber comenzado con el típico, “hace frio esta mañana”, pregunta concisa, concreta y de respuesta igualmente clara, “pues si”, respuesta que no requiere esfuerzos, y que cumple perfectamente con el protocolo de la cortesía mañanera.

Pero, “ cuanto durara esto”, no es una simple pregunta, es claramente una distracción, un estar pensando en otra cosa.  Existían dos posibilidades, en esas prontas horas, aplicar la pregunta a lo que estábamos haciendo y responder de forma rápida y decidida un “pues hasta que se acabe” y dar por zanjada la situación o caer en la temeridad de preguntar ¿a que te refieres? y comenzar a transitar un túnel que ni los mas avispados pueden intuir los peligros que encierra.

Con la misma distracción y también desgana, le pregunte ¿a que te refieres?, y ese fue el punzón que hizo despertar a la fiera, no me respondió, me conmino con otra pregunta: ¿que tienen los alemanes que no tengamos nosotros?, si la primera era peligrosa, esta venia envenenada, cuantas cosas y tan variadas pueden tener los alemanes que no tengamos nosotros y viceversa.  ¿cual seria el fondo de sus preocupaciones para no encontrar la pregunta correcta?, la que le diese un poco de luz a sus dudas.  El seguía con su carajillo y su croissant, antes ya había terminado con un bocata de lomo de orza con su correspondiente manteca.  Parece que la combinación de tan excelentes ingredientes le ayudo a entonar la que era su pregunta escondida, su duda, y tal como la expuso su temor. ¡Si esto no se arregla me iré a buscar otro país!

Pero hombre, no te preguntes  lo que tienen los alemanes y pregúntate que nos falta o sobra a nosotros, para que esto no dure demasiado, y ten un poco de paciencia,  tomate el carajillo y vámonos.

Y sin yo preguntarle, del mismo modo que el socorrido ¿dices tu de la mili?.  Me lo conto todo.  Ahora ya se que nos falta y que nos sobra, y también lo que esta en su lugar.

Gracias a la media hora del bocadillo.

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