mar
6th

Lo político y socialmente correcto.

educacion Así pues, la barbarie ha acabado por apoderarse de la cultura.  A la sombra de esa gran palabra, crece la intolerancia, al mismo tiempo que el infantilismo.  Cuando no es la identidad cultural la que encierra al individuo en su ámbito cultural y, bajo pena de alta traición, le rechaza el acceso a la duda, a la ironía, a la razón – a todo lo que podría sustraerle de la matriz colectiva -, es la industria del ocio, esta creación de la era técnica que reduce a pacotilla las obras del espíritu.  Y la vida guiada por el pensamiento cede suavemente su lugar al terrible y ridículo cara a cara del fanático y del zombie. Alain Finkielkraut. La derrota del pensamiento.

Abordar en la historia humana una era distinta de la que acabada de terminar. Un orden del mundo en el que ningún Estado pudiera colocar un telón en torno a su población ni adoctrinarla sistemáticamente con ayuda de unas pocas ideas angostas y rígidas. Una época en la que reinaría un auténtico espíritu de paz porque las ideas circularían libremente de una nación a otra, y porque, en lugar de ser amaestrados, idiotizados y manipulados por las ideologías totalitarias, los individuos serian educados para servirse de su razón. Estas son ideas expuestas en noviembre de 1945 en la creación de la UNESCO.

La hipocresía y la falsa educación nos invade, nuestra sociedad desde hace alguna década idolatra y se apasiona por el dinero y el poder, el egoísmo y el individualismo han derivado en un espectáculo dantesco nunca antes visto y han ocasionado sin el mas mínimo escándalo social ni repulsa la mayor crisis económica financiera jamás conocida. Nuestra exquisita corrección social y política no invita a la más mínima queja, nos atuzamos los bigotes y procuramos mirar a otro sitio, el sitio donde esta lo nuestro. No queremos que nada ni nadie perturbe nuestra paz y nuestra corrección social, los sobresaltos están mal vistos y las exigencias políticas y la solidaridad forman parte de otra época y perjudican nuestro acceso a parte del pastel, estropeando la bacanal.

Estos mismos sentimientos han recorrido la historia más reciente con consecuencias desastrosas, la complacencia y la esperanza de que las cosas que perturban a los demás no nos afectaran o se arreglaran solas, es una posición que históricamente se ha pagado cara.

Las consecuencias de la situación actual no se han vislumbrado aún, nadie es capaz de predecir con acierto el final del túnel, ni el tiempo que tardaremos en salir de el, es lógico, pero tampoco se están tomando decisiones valientes ni tan siquiera acertadas que remedien o palien situaciones concretas. Y algunas de ellas lo único que pretenden es apretar un poco más el corsé de la incompetencia y la burocracia desmesurada, cuando lo que hay que hacer en momentos como los actuales es aflojar todo lo posible el corsé burocrático y normativo, es la forma de hacer a las empresas más competitivas y dotarles de su instinto de supervivencia, arrebatado gota a gota y año tras año, por el insaciable apetito recaudatorio de las instituciones y su numerosa clientela.

Mientras todo esto sucede, mientras los diferentes mundos sufren las convulsiones de tanta desmesura, unos por exceso y otros por defecto, la sociedad se mantiene políticamente correcta y nuestros lideres a base de inactividad y falta de compromiso no se equivocan por que no se implican, practican la política del avestruz, que por supuesto políticamente es la más rentable y aplaudida por el ciudadano votante.

Yo creo que no es el momento para la huida, hacerse el loco o ser políticamente correcto tampoco cabe, las situaciones difíciles han de diagnosticarse con total exactitud y llamarlas por su nombre y depende del ciudadano, en nuestras manos esta que las soluciones se apliquen en forma y tiempo, pero para ello hay que implicarse y quejarse. Es necesario manifestar lo que no funciona y exigir las medidas necesarias para ponerle solución, eso es la democracia y esa es la función del poder. La implicación en los problemas “mojarse” pese a no ser agradable es el único camino para salir de los momentos difíciles y evitar desastres futuros.

El té con pastas y lo políticamente correcto vendrá luego.