abr
23rd

Cuando éramos niños

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tapazollisevenskyejp5 Hace tiempo, mucho tiempo, cuando éramos niños o tal vez niñas y, la inocencia estaba en nuestro cuerpo, como están los ojos, sucedían cosas que de vez en cuando vienen a la memoria rastreando el camino, un recuerdo que no ha perdido su validez, algo que forma parte de nuestra vida.

Son muchas las cosas que cualquiera puede enumerar, la lista de relatos se haría longuísima e innecesaria a todo aquel ajeno a ellas.  Pero tal vez en cada una de nuestras vidas exista una o varias historias que valga la pena contar.

 

mar
13th

SUEÑOS EN EL AGUA

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Me tumbe en el lecho helado de un río,

miraba el movimiento metálico del agua,

mientras el sol,

daba vueltas como loco,

había perdido el horizonte y buscaba

desesperadamente

a la luna.

Apaga tu luz, me dijo una voz secreta y veras

a la luna en tu

penumbra.

Me acorde de ti sin verte, sólo escuchaba

el llanto del agua

mientras corría.

Me tumbe en el lecho helado de un río,

para despertar de mi sueño,

cierra los ojos y sueña, me dijo una voz secreta,

y soñaras,

como despiertas del sueño.

mar
6th

La Chatarrería del señor Baldomero

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chatarreria Para alguien que no lo haya vivido le puede resultar difícil imaginar lo maravilloso de visitar una chatarrería cuando eres niño, pero lo soberbio era tenerla al lado de casa y ser amigo del chatarrero, la vida en aquellos tiempos era minimalista y todos los objetos tenían un valor y un significado, la chatarrería era un centro comercial donde se exponía gran parte del mundo, usado, pero entrañable.

Yo debía de ser un niño muy obediente, quizás muy cuidadoso y ordenado, le caía bien al señor Baldomero, de todos los niños de la calle al único que le permitía el acceso libre era a mi, a veces, cuando buscábamos algo concreto también entraban mis amigos.

En aquel recinto, con su olor tan característico, se encontraba toda la sabiduría del mundo, del mundo sencillo y humilde que nos correspondía, para un niño curioso aquello significaba el paraíso. Yo pasaba grandes ratos con el señor Baldomero, unas veces le ayudaba arrancando el cobre de las bobinas, separando el hierro del metal o del cobre, para mi todo eran metales, lo había aprendido en la escuela, pero el llamaba metal a una especia de acero de color oro pálido, era lo de más valor junto al cobre y al aluminio.

Cuando podía que era la mayoría de las veces, me despistaba y disimuladamente me lanzaba a la aventura, a la búsqueda de descubrimientos, aquello era una selva llena de sorpresas. Me excitaba, viendo y tocando, desarmando y destripando toda clase de aparatos y artilugios.

Aquello estaba organizado en dos grandes montones, uno para los cacharros y otro para el papel y el cartón, en el centro estaba la sala de operaciones y más al fondo, todo el material ya clasificado. La prensa del papel estaba justo al lado de su montón, estratégicamente separado de la pared para poder calarse por detrás y permitir pasar el alambre que ataba los fardos de papel.

La mayoría de los aparatos estaban heridos de muerte y tenían un destino claro, tras el despiece, sin embargo, en el lado del papel se amontonaban toda clase de libros revistas y tebeos en perfecto estado, no les faltaba nada ni el olor entrañable a papel impreso. No lograba entender como la gente se desprendía del algo que estaba en perfecto estado y que quizás llevaba mucho tiempo entre ellos, comencé a cogerle cariño a todo aquel papel abandonado y me empeciné en rescatar todo aquello que me interesaba de su fatal destino en la prensa. Hice una pequeña biblioteca de joyas de papel, aquellos libros y tebeos eran otro mundo nuevo, el sargento gorila, Roberto Alcázar y Pedrin, El Capitán Trueno y otros muchos personajes fueron obsequio del señor Baldomero.

De allí surgió también mi primera bicicleta, pesada, hecha a retales, sin frenos, sin luces, un verdadero disfrute y una máquina apta para producir mataduras y rasguños.

El señor Baldomero y su chatarrería forman parte de la memoria y de los sueños de unos tiempos con pocas abundancias y con muchas miserias. Para aquel niño aquel era su mundo y seguramente no lo hubiese cambiado por ningún otro tesoro que no fuese la chatarrería del señor Baldomero.

mar
1st

Espejo cibernético

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espejo cibernetico Miraba la silueta de su cara reflejada en el filtro de la pantalla del ordenador, entre sombras violetas, veía su rostro apagado, la luz solo definía de forma fugaz el brillo de su frente, la nariz y el dibujo leve de su boca. Le gustaba verse sin verse.

La mesa estaba cargada de papeles totalmente desordenados, como si hubiesen sido colocados por un golpe de viento, y aquella habitación no era precisamente el marco donde se sentía protegido, el silencio y la desolación hacían de aquel cuarto un recinto carcelario, sentía necesidad de salir de allí, escapar, aunque solo fuese a través de su mirada perdida en aquel espejo cibernetico que dibujaba su rostro.

A ratos miraba el teléfono con gesto de interrogación, con ansias de que el sonido de su timbre lo liberara, le abriera las alas para volar, era el único instrumento capaz de acercarle, de llevar su voz, la única voz capaz de romper toda aquella presión. Pero todo permanecía en silencio.

Intentaba concentrarse en ella, ponía tanto empeño que incluso se olvidaba de respirar y las venas de sus sienes se hinchaban como inyectadas de aire, parecía ser estrangulado por unas manos invisibles que lo atenazaban sin piedad, cuando la falta de aire le golpeaba la conciencia, dos grandes puños aporreaban la puerta de su soledad.

ene
23rd

La inteligencia

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Sample007 El agua es agua, la inteligencia sólo es inteligencia. Pero así, como el agua tiene unas características concretas en función de su origen, de su roce entre piedras, del lecho por el que ha sido guiada, de la porquería con la que ha sido contaminada. Así, también la inteligencia tiene diferentes matices y sensibilidades, depende de su origen, de los componentes que la han ido formando. Hay una inteligencia apta para la ambición, otra para la política, otra para el arte, otra para las ciencias, unas más duras y otras más blandas, pero todas validas. La dificultad reside en saber que clase de agua debemos beber, no todas son iguales.

Hay unas inteligencias con más prestigio que otras, unas más deseadas y con más posibilidades de triunfar en el hábitat natural y salvaje. Pero la inteligencia de cualquier clase, como el agua, si nadie la aprovecha, al final desaparece en la gran inmensidad del mar. Deja de existir.

ene
11th

Los puentes de la soledad

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soledad.jpgEl veneno correría rápidamente por su cuerpo, nada lo podía parar, en unos instantes todos y cada uno de sus poros estarían empapados, contaminados, a merced de las alucinaciones. Solo cabía esperar los efectos benignos de la mordedura y disfrutar mientras tanto de sus hermosas sensaciones. Un mundo de sueño y aislamiento giraba a su alrededor, nada le importaba, no podía resistir la embriaguez, ni quería.

Estaban sentados en una de las mesas del bar, frente a la barra, tomando un café antes de comenzar las clases, una rutina necesaria para no caer en el sopor de las aulas.

- Sabes que ella esta enamorada de ti, que esta loca por tus huesos, pero no se lo digas, me lo ha contado como un secreto

Él quedo muy sorprendido, incluso asustado.

- ¿Que dices? y porque te lo ha dicho a ti.

- Supongo que porque no se atreve a decírtelo a ti y como yo soy tu amigo. Que importa.

Una sensación de zozobra se apodero de él, se sentía traicionado, descubierto, a pesar de estar con su mejor amigo. No sabia como reaccionar, se le acumulaba la rabia. Esas sensaciones recién descubiertas, ese mundo secreto de los dos había sido profanado, ya había más gente. Él lo había cuidado y protegido del exterior, no quería que nadie participara en ese intercambio de cómplices miradas, de deseo juvenil. Tenía temor de que alguien pudiera romper tanta belleza. No sabia si aquello era amor, de hecho la palabra amor le resultaba demasiado confusa, una palabra de adultos con muchas complicaciones. Sólo necesitaba su presencia, estar junto a ella, sentir su voz y reírse a carcajadas de cualquier ocurrencia, mirarla y dejarse arrastrar por los sentimientos, sin la complicación del amor, la palabra amor es poco duradera, su significado muere pronto. Aquello era más importante, estaba por encima del amor, una amistad cargada de estrellas, de nuevos descubrimientos, un refugio lleno de ternura, una isla donde refugiarse y sentirse protegido, caricias y besos furtivos, cuerpos juntos buscando la felicidad y turbados por el calor mutuo de la piel.

No, él no quería esa palabra extraña, gastada, le enfurecía el ruido de sus grilletes, su fantasmal y efímera presencia, su devoradora capacidad para destruir. Él quería una amistad sin barreras, con alas para perderse en busca de paraísos comunes, sin prisas por llegar a ningún sitio. Un mundo de belleza solo para dos. Todo aquello se derrumbo por un deseo irrefrenable de vivir, por la debilidad y la desconfianza de perderlo.

Los dos eran jóvenes, estaban descubriendo el mundo y sus ironías con toda su amargura, su capacidad de sufrimiento juvenil, el más solitario de todos, se iba a poner a prueba. Él quedo sumido en un abatimiento profundo, su máximo deseo era odiarla, pero era incapaz y le irrumpió el deseo de alejarse, tenía ganas de salir corriendo y no verla jamás. Sin embargo, al día siguiente la realidad se imponía, ella estaba ahí, cerca, cruzando la mirada con él.

 

Nunca he llegado a conocerla, ni se su nombre, forma parte de su tesoro íntimo. Conozco la historia y lo conozco a él, un viejecito amable, de palabra fácil y una profunda y cálida mirada. Es mi padre, se presento ante mi un día cualquiera y me sedujo para escuchar su historia. Yo estaba en mi habitación, escribiendo, buscaba las palabras justas y, de pronto me vi envuelto en un mar de ellas, engatusado por la hermosura del manantial que brotaba de cada uno de los rincones de su memoria, escudriñaba lugares remotos intentando dar nitidez a las imágenes borrosas de sus recuerdos, salpicarlas de vida.

Él quería que yo le escuchara, me quería evocar la vida de recuerdos, sus experiencias no compartidas. Yo por aquel entonces era joven y me gustaba contar historias, pero nunca había tenido nada interesante que contar. Su deseo era inmortalizar su vida de sentimientos, protegerlos del olvido, sabia de los caprichos de la muerte, según decía se tuteaba con ella, pero no quería que su historia muriese con él. Me contaba que a la muerte hay que arañarle todo lo que se pueda, como inevitable que es, al menos que se lleve solamente nuestro cuerpo, los despojos nada más, el resto de lo que somos y pensamos hay que dejarlo aquí. Ese es el único triunfo frente a ella.

Sus palabras salían limpias, a raudales mientras los ojos se le iluminaban, de vez en cuando me miraba fijamente y hacia algún comentario, profundizaba en pequeños detalles, desgranaba aspectos vitales de su andadura, nada había pasado por su vida gratuitamente, desarmaba todo aquello que le llamaba la atención e intentaba buscar el porque de todo, era un impulso superior que no podía dominar, salvaje e instintivo.

 

Ella no sabia nada, no presentía ni era consciente de su violación, tampoco sospechaba su reacción, posiblemente creía que su acto era un acción de valentía ante sus sentimientos. Él la miraba con rencor contenido, intentando descifrar la causa de su deslealtad en el destello azul de sus dos océanos, sin mediar palabras, ella sonreía, esperaba encontrarlo como siempre, pero descubría una situación fría, parecía no haber ocurrido nada pero se interponía una distancia abismal. Ninguno de los dos hizo el más mínimo comentario. Eran dos volcanes llenos de vida, a punto de estallar, pero con destinos diferentes, forjaron un muro de cristal donde continuamente se estrellarían. Se podían atravesar con las miradas, acariciarse con el pensamiento, pero nunca sentirían el calor y las risas como antes. Los dos estaban poseídos por el miedo, miedos diferentes pero nacidos en el mismo vientre, salidos de la profunda oscuridad de la juventud.

 

Yo había descubierto en él, después de muchos días de placida charla, una capacidad de síntesis abrumadora, insultante a veces, cuando hablaba o actuaba tejía puentes entre situaciones y conceptos que el suponía sabidos por la otra persona. Puentes a los que él volvía y cruzaba de forma pausada, pero que en el instante mismo de trazarlo, el otro, si no lo había imaginado al mismo tiempo quedaba paralizado, confuso, incluso despreciado. No era esa su intención, pero su vida era su pensamiento, y su pensamiento vivía y caminaba cada segundo frenéticamente. Él se adelantaba, cuando estaba al otro lado, nadie más estaba allí, el creía que si, porque los veía, pero estaba solo. Muy solo. En muchas ocasiones nadie cruzaría nunca por allí. Ese muro de cristal que el me contó, no fue nunca un muro de cristal, estoy seguro que fue uno de esos puentes imaginarios que ella nunca descubrió y que no pudo cruzar, han seguido el mismo río por orillas diferentes. Terca y absurda es la vida, hubiese bastado una sola indicación, un solo grito para darse cuenta de donde estaban y tenderse la mano.

Cuando pienso en ello, creo ver uno de esos puentes entre él y yo, difuso, nada claro, en realidad debe de haber muchos más. Pero creo adivinar que él si sabia en que orilla estaba ella y donde estaba el puente que ella debía cruzar. Quería que ella lo descubriese, sola, era el castigo a su traición, él era consciente que de esa forma se castigaba también él, por su silencio y por su orgullo.

 

Los encuentros se producían, pero ya cada vez más fríos, eran indiferentes, él se distanciaba y ella luchaba por descubrir aquel misterioso mutismo. Él estaba herido y ella encabritada y los dos, náufragos y perdidos en un mar que los engullía ya sin remedio. Él decía que no pasaba nada, pero ella notaba su huida, lo que sería el rechazo más hiriente y más doloroso de su vida.

Él opto por el silencio y el desaire, porque no quería destruir aquellas sensaciones. En cierta manera su intención era retirarse, perderse en un lugar solitario de su imaginación y curar sus heridas, para luego volver. Desaparecer en silencio, sin despedidas. Pero el destino los mantenía cerca. Ella no sabia si estaba herido o si quería desaparecer, solo sabia que él estaba ahí y no la veía. Como consecuencia de la insistencia de ella y el rechazo de él, ambos rebotaban cada vez con más fuerza, se hacían daño, sus heridas empezaban a sangrar lágrimas de rabia e incomprensión mutua. Nunca el silencio ha sido tan brutal y desgarrador.

El mundo de dos se partió y cada uno con el mundo que le pertenecía busco otros mundos donde ubicarse, un lugar donde encontrar la paz y la felicidad perdida.

Ella llena de rabia, se endureció, aplacó sus sentimientos y los meció hasta dormirlos en un rincón de su corazón, luego intento ahogar su desgarrador sufrimiento en otras miradas, en otros brazos, en otros hombres, buscaba y buscaba siempre insatisfecha algo que había escondido en su intimidad. Vulnerable y desnuda trataba de evitar que el corazón se le agrietase y perder su pequeño cofre de vida, su pequeño tesoro, su gran sentimiento enmudecido. Tejió un mundo propio y descubrió en la vida su mayor valor. Vivir y aprovechar todos los resquicios, llenar cada una de las grietas y satisfacer todos los deseos. Aprendió a dominar la angustia de su corazón porque sabia el secreto depositado en el, y en los momentos de soledad cuando la nostalgia la inundaba, a escondidas, miraba su interior y descubría su resplandor, su luz perenne. Todo estaba en orden. Era entonces cuando una descarga de felicidad le recorría su cuerpo y la arrastraba al mas placentero de los sueños.

Para él, aquello supuso una nueva etapa, un camino lleno de confusión, de dudas, de total incertidumbre, buscaba un bálsamo que pudiera cerrar las heridas, un empeño lleno de escarpados esfuerzos y vertiginosas caídas. Su instinto y su coraje le proporcionaron la droga contra el dolor, se imponía no perder el tren de la vida, el de la juventud ya estaba descarrilado. Creó dos espacios vitales, totalmente estancos, sin comunicación posible, uno real, que imponían los acontecimientos y otro intimo, muy personal, lleno de sueños y figuras, de ideas y también de soledad, mucha soledad ahogada en lágrimas, y mucha rabia contenida.

 

Cuando me contaba esta personal forma de protegerse, me daba cuenta de que el dolor que le asustaba, no era el físico sino el emocional. Su apreciación del mundo era muy positiva, y la vida dentro de él muy hermosa, a pesar de sus amarguras, lo importante, al final, es que la vida no pase desapercibida, las dificultades forman parte de nuestro camino y nos permiten valorar y disfrutar con más amplificación y sabiduría los pocos momentos de paz, los descansos. En realidad el transito por este mundo no habría de ser tan complicado si la conciencia o inconciencia del ser humano no tendiese a complicarlo. La sencillez de la belleza se transforma en sinuosa cuando la voluntad intenta modificarla. «La lucha por la supervivencia, el canibalismo social, es lo que más nos aproxima a las bestias, embrutece y enturbia el orden natural» decía.

 

Aquel refugio de su imaginación, aquel escondite de tan difícil acceso, lo llevaba siempre como equipaje, era su paraíso y su infierno. Allí soñaba sus sueños mas bellos, allí pintaba los paisajes mas verdes, los ríos mas blancos, las nubes más azules y respiraba el aire más limpio, allí montaba su mundo de armonía, a su antojo y capricho, una y otra vez. También allí con los recuerdos, los anhelos y las horas no vividas, con todo el ritual de un verdugo, se torturaba y languidecía hasta que hacia aparición la tristeza, la mas lejana, la que esta al borde del abismo. Me advirtió de lo peligroso de este abandono, había ocasiones en las que era muy difícil salir a la realidad, la lucha era con uñas y dientes para no dejarse caer, para agarrase a la vida, la cantos de la tristeza son muy tentadores. Aprendió a jugar al borde, a darle la mano y pasearse con ella. Utilizaba la música, un tipo de música, no toda, le servia de guía en aquella oscuridad y le marcaba los tiempos, cuando cerraba los ojos y se abandonaba, la tristeza venia y se arrojaba en sus brazos, notaba sus caricias sus seductoras palabras, su agradable presencia. Cuando la música terminaba, al abrir los ojos, le brotaban hirientes hilos de lava que le abrasaban el alma. Pero se alegraba porque siempre la vencía. Además sabia que allí, junto al abismo, siempre estaba ella, con su cofre de luz perenne, esperándolo.

 

Por aquel entonces la vida comenzaba a brotar, los tiempos estaban cargados de cambios, la historia de este país emprendía un nuevo rumbo, eran días de duelo para unos y de nuevas ilusiones para otros, los ciudadanos se desperezaban de un largo sueño, él también se encontró inmerso en estos cambios profundos, no entendía nada, tan solo sabia que aquel fatal personaje del que tanto había oído hablar había dejado de existir. Seria en ese mismo bar y en ese mismo instituto donde tomaría conciencia de toda aquella marea que se desataba.

oct
10th

El Muro

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el-muro.jpgLogró fundir la gran pared de hielo que durante tanto tiempo habia permanecido como un obstáculo entre los dos, y contempló con una profunda desilusión como aquel muro al deshacerse en pequeñas gotas de amistad, contenía solamente la estupidez acumulada de todo el genero humano y se preguntó, con una tristeza convertida en lagrimas, como el tiempo, tanto tiempo perdido, había sido caprichosamente arrancado de su vida.

Maldijo una y otra vez el no poder recuperar lo perdido, notó como un hachazo le amputaba algo que nunca había sido suyo.

Arremetió contra todo, al fin y al cabo -penso- siempre nos queda algo, el vacío solo es posible con la muerte, y continuó paseando por la sequedad del paisaje. Para él los paisajes eran incompletos si por alguno de sus rincones no brotaba el agua.

El agua es la vida.

ago
1st

Un rincón y un espejo

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mesa-de-bar.jpgAquel rincón me resultaba agradable, acababa de llegar y ya estaba sentado, solo, frente al espejo donde solo mi cabeza era rebotada. La iluminación tenue invitaba a soñar, no tenia intención de beber pero la situación lo requería, antes de iniciar el ritual vaso en mano, sentí ganas de salir a la puerta, el aire fresco mezclado con el parpadeo de los rótulos de neón del local daban la sensación de encontrarse en una gran ciudad. Me mantuve un buen rato así, pensativo, el frío no parecía molestarme. Me acordaba de lo mucho que echaba de menos la voz y las miradas de ella, todo resultaba mas desagradable desde que ella no estaba cerca de mi, no porque entre nosotros existiera algún tipo de apasionamiento, era mas sencillo, yo aprendí a valorar el mundo contrastando mi visión con la suya, algo tonto, pero que ahora me resultaba vital.

Note que una pareja se encontraba frente a mi, me costo reaccionar, pero comprendí que querrían pasar al local; me habían despertado del sueña, ahora notaba como el frío perforaba mi abrigo. De nuevo en el interior observe lo absurdo que resulta a veces ir acompañado de alguien que solo esta a tu lado por el mero hecho de vencer su aburrimiento. Aquel trago fue lo bastante largo como para notar lo seca que tenia la garganta, Me sumergí con la música decidido a dar un rodeo a todo lo que me había pasado durante ese fatídico día. Me había despertado algo contusionado no física sino emocionalmente, la noche anterior supe que un viejo amigo, sin estar de acuerdo con la eutanasia, había decidido suicidarse, resulto tremendamente duro, aunque siempre tenia el presentimiento de un final así nunca imagine su lado real y, sin embargo, ahí estaba y con esa realidad bastantes años de mi vida quedaban sin sentido.La amistad es algo que puede extinguirse, pero nunca desaparece mientras el amigo vive, todo lo contrario al odio, y aquella amistad había llenado una parte de nuestra vida de algo bello, ahora todo eso desaparecía, incluida la amistad.

feb
14th

Descubrimientos

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descubrimiento.gifAquella caja maravilloso dejo de emitir sus imágenes en blanco y negro y un tanto difusas, se habían ido tras la estela de un punto blanco que también desapareció. Era la señal, había que recoger lo que hasta ese momento era el comedor y convertirlo por extraña magia en un espléndido dormitorio. El sofá se convertía en cama doble y del mueble que momentos antes sostenía un jarrón con flores de plástico marchito, aparecía una cama camilla, solo había que soltar el pasador y sus dos alas se desplegaban y caían en busca de sitio para apoyarse.

Lo único que permanecía en el mismo lugar era la mesa con el televisor. Fue una noche de aquellas. Le costaba encontrar el sueño, le rondaba cierta inquietud, notaba una sensación extraña, algo en su cuerpo no paraba de crecer, se estiraba y se estiraba hasta resultar molesto y comprometedor, era extraño. No quería hacer grandes gestos ni movimientos bruscos, no estaba solo. Se enzarzo en una lucha sorda por controlar tal desmesura y atrevimiento, además los calzoncillos blancos de algodón, a esas alturas de la noche, ya no sujetaban nada, todo lo contrario, parecían unos pantalones bombachos donde todo se movía en plena libertad. No tenia miedo, aquello no podía ser una enfermedad, no sentía daño, pero si le causaba cierto espanto no saber donde colocar aquella desazón que le aprisionaba el vientre. Forcejeo con el, quería esconderlo entre las piernas hasta la mañana siguiente, no quería ser descubierto, pero parecía inútil, aquella cosa quería permanecer en posición supina. Aquello tomaba aspecto de ser una pelea larga y terrible. Pero de pronto después de tanto forcejeo, tuvo una sensación extraña, le sobresalto una especie de espasmos y hormigueo que el no supo descifrar, pero por suerte aquello supuso el final de aquella pelea. Mientras el sueño le daba la mano, algo húmedo y viscoso se le enganchaba en las manos. A la mañana siguiente no dejaba de pensar si aquello habría sido un sueño o realidad. Busco el origen de aquella viscosidad como prueba, pero la gran absorción de aquellos calzoncillos afelpados borro los restos de la batalla. No le dio más importancia en ese momento. Se tomo aquel tazón de cacao que tanto le costaba tragar, tenia ganas ya de subir un peldaño en aquellos desayunos y que por fin le dieran café con leche. Había que esperar. Eran mañanas frías y nos gustaba ir pisando la poca escarcha que encontrábamos por el camino, era los más parecido a la nieve que conocíamos. Yo llevaba un odioso jersey -nunca me han gustado- tejido en largas noches junto al brasero, mientras se desgranaba una historia familiar. Los pantalones eran de embudo y, de un tejido parecido a la espuma, una especie de leotardos anchos y elásticos, todo ello complementado con unas viejas chirucas de lona marrón. Aquella clase, era una gran clase, había un catalogo florido de pequeños tipos, embriones de lo que más tarde serian hombres y mujeres con toda clase de destinos. Gran parte de nuestro mundo estaba encerrado en aquellas, nuestras paredes. Había tres filas de mesas, yo me situaba en la de la izquierda, junto a la pared, en la tercera mesa, las delanteras estaban reservadas para las niñas. Como siempre, hasta la entrada del profesor, repasábamos la lección, bueno, en realidad, le dábamos un repaso a las niñas, no parábamos de jugar con ellas y molestarlas.- Oye dice tu novio…- Yo no tengo novioCuando entraba la maestra el silencio era absoluto, en señal de respeto, pero no a ella, sino a los hermosos coscorrones que atizaba, y todas las miradas se dirigían a la pizarra en busca de tu nombre y las cruces correspondientes. Yo ese día estaba preocupado por lo de la noche anterior y durante la espera me había portado bien, no tenia nada que temer. Además esa mañana la señorita venia de buen humor y amnistió a todos los reos.Nos dio un poco más de tiempo para repasar antes de comenzar con sus preguntas audaces.¡ Dios, que sucede ! Aquello volvía a dar la batalla, caprichosamente, sin previo aviso, empezaba a surgir un tremendo bulto en los pantalones, como en la noche anterior aquellos calzoncillos blancos de algodón no tenían consistencia a esas horas para amedrentar tanto vigor, y la segunda línea de fuego, aquellos pantalones, tampoco.¡ Que escándalo! aquello parecía de broma, se lo enseñe a mi compañero de al lado como una pequeña confidencia y no se le ocurre otra cosa que darme con la libreta de muelle, mientras me decía que me quitara el lápiz de ahí. No pude explicarle que no era el lápiz, el otro compañero de mesa se unió al escándalo y, ambos, con sus libretas querían tumbar el lápiz. Serian ignorantes. El más avispado intentaba reclamar la atención de las niñas de la mesa delantera. Mirad, mirad, lo que tenemos aquí. La maestra que iba paseando por los estrechos pasillos entre las mesas, absorta en sus pensamientos, casi sonámbula, sólo despertaba de forma automática para largar algún que otro coscorrón a los despistados. Me gire para buscar su situación, pero, mala suerte, ella también buscaba la causa de aquel revuelo y nuestras miradas chocaron delatándome.- Bueno, ya esta bien, vamos a empezar- dijo. Y continuó: – A ver estos que parece que están muy contentos, lo deben de saber todo- sentencio. La lección era de Geografía y me toco a mi enumerar los ríos, los montes y algún accidente más. No podía salir de mi espanto, una ola de calor me subió por la cara. No me levante. Con la libreta en las manos, presagiando lo peor, intentaba tapar lo que aquellos idiotas creían un lápiz. Nervioso como estaba no era capaz de responder con toda la claridad y nitidez que el momento requería, y acabo ordenándome que saliera y los anotara en la pizarra. Que horror, que vergüenza, lo peor ya estaba pasando. Con unos ademanes que debieron parecer rarisimos y encorvándome como un anciano, me tape como pude y lo que pude con la libreta. Intentaba colocar el palo de la tienda de campaña en una posición menos llamativa, pero había quedado atascado en la raja de orinar de aquellos malditos calzoncillos de algodón, tarde una eternidad en salir al pasillo, sin haberlo conseguido.Con la mano izquierda y la libreta intentaba disimular lo que no tenia disimulo y con la derecha empece a escribir en la pizarra. Era tanta la faena y congoja que tenia que alguna idiotez dije que provoco la ira de la maestra y me mando sentar con una reprimenda. En realidad me mando sentar y no me atosigo, porque ella si entendía lo que estaba pasando, quizás con cierto rubor. El caso es que desde aquel día no puedo ver ese tipo de pantalones, me traen malos recuerdos. Hay realidades que se nos muestran a través del azar como el mayor de los descubrimientos, también, a veces, como la mayor de las vergüenzas. Suerte que los años lo resitúan todo.

ene
14th

Niños

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Todos los niños tienen un mundo propio, es el mismo que el de los adultos pero más grande, por eso el tiempo pasa más lentamente, luego a medida que crecemos el mundo se hace más pequeño y más aprisionante.Aquel niño miraba como solo son capaces de mirar los niños, de forma sincera e inocente, ansiosa, todo le podía servir, el saco de la sabiduría era muy grande y estaba vacío. Era un espectador del mundo, su papel aún no estaba definido. Desde el patio de butacas observaba la gran obra, siempre con atención, sin perder detalle. Provocaba en él sentimientos de toda índole, alegría cuando los actores se reían, tristeza cuando los actores entristecían, todo se transmitía de forma mimética, de alguna manera él entendía los sentimientos, pero quedaba un tremendo vacío porque nunca entendía el argumento.Su niñez rural, el contacto con la naturaleza, con las cosas tal como son, le había dotado de una sensibilidad especial. Aquel mundo infantil estaba lleno de alegría, no había limitaciones ni peligros conocidos, las barreras del mundo adulto aún eran demasiado altas para levantar la mirada.La luz rebotaba en los espejos de cal, el calor de aquella tarde arrancaba de los adoquines alientos de vapor encendido. A él le gustaba inclinar la cabeza y ver a contraluz como el vaporcillo se elevaba a las nubes. Se tendió en la acera, le gustaba abandonarse, turbarse al sol, como los lagartos. Su padre estaba enfrente, con las puertas de casa abiertas y una gran red colgada en el gancho del techo, la estaba tejiendo, abstraído en sus pensamientos, recordando sus recuerdos. A esa hora el silencio era total, incluso la calle estaba adormilada, solo de vez en cuando alguna lagartija correteaba por las paredes en busca de su presa. La quietud era total. Él lo observaba, podía pasarse horas mirándole, desde esa lejanía tan cercana, no decían nada, pero el sabia que su padre notaba su presencia y le gustaba. El tiempo se congelaba en esa hermosa complicidad.Él me contaba que tenia un baúl en su memoria lleno de imágenes similares. Siempre al lado de su padre, pero de forma invisible, imperceptible, en algún sentido lejana. “Aquel hombre tenia una vida interior que le acosaba, yo era su mundo de paz, su cómplice en la tristeza, por eso nunca me alejaba de él. Sus sentimientos estaban inmovilizados, inválidos, su sensibilidad la habían castrado para siempre en aquella terrible guerra, no recuerdo abrazos ni momentos de especial ternura física, pero lloro cuando recuerdo su presencia. No tenia nada que contarme, solo podía darme su amor con aquel silencio, con su presencia. Yo lo notaba y le estoy eternamente agradecido”.